No falta vocero, sino mensaje. A la administración Kast le está resultando difícil tomar decisiones fáciles (como la de tener o no un vocero con dedicación exclusiva) y le está resultando imposible contener las peleas abiertas y sin pudor entre sus aliados. Incluso ahora, que se ha comprobado en la votación de la megarreforma que no existe la capacidad de la oposición de rechazar y ni siquiera modificar las principales iniciativas del Ejecutivo, son estos puntos débiles los que le impiden dedicarse por completo a las celebraciones por su triunfo.
Las autoridades de La Moneda se ponen muy susceptibles cuando se les hace presente su dificultad en escoger bien -y reemplazar de ser necesario- su personal de primera línea. La situación de Sedini tuvo que ser resuelta de un modo tajante porque no tenía arreglo, y salió sin que se resolviera antes su reemplazo. Para tratar de ocultar lo imposible, se presentó a Alvarado como biministro en una solución de parche que no convence.
El Gobierno puede soportar las presiones en materia de vocerías, pero no podrá aguantar la presión de la realidad. Las funciones no existen por gusto, sino por necesidad y lo que falta por saber es cuando el sistema hará visiblemente agua, porque ya por diseño está condenado. En este instante, ninguno de los gobiernos del mundo, por diferentes que sean sus regímenes políticos, deja de tener vocero y eso no es porque no quieran ahorrar, sino porque requieren de una especialidad disponible en todo instante y no para cuando el desempeño de otras funciones lo permitan.
Sobrecargar a las mejores autoridades es un castigo y no un premio. Se puede confrontar a la oposición, pero no la opinión sincera de todos los partidos oficialistas. Un error no se enmienda por el hecho de mantenerlo, en vez de enmendarlo.
La improvisación no establece ningún privilegio. "Salir del paso" no se convierte en definición estratégica porque el tiempo transcurra a la espera de no se sabe qué. Lo que ha quedado probado es la inviabilidad de repetir la misma fórmula. No hay quien quiera encontrar una nueva Sedini, alguien de buena presencia y nula experiencia; una vocera insolvente del segundo piso a la que hoy nadie defiende.
El problema reside en que cualquier otra nominación, si se circunscribe a personas con solvencia política, requiere optar entre representantes de bandos oficialistas en pugna. Eso necesita la capacidad de dirimir conflictos grupales y no se sabe que Kast haya sabido resolver ninguno de los de esta clase. Mucho menos ahora que nos encontramos en una etapa en que las pugnas se multiplican y expresan de una manera abierta que nadie en La Moneda ha podido contener.
Lo mejor que pueden hacer los observadores es constatar la insólita cantidad de tiempo que le lleva al gobierno reconocer lo obvio. La Moneda no necesita un vocero, necesita que se justifique tener un vocero y eso es una forma de decir que no puede seguir tomando las decisiones como hasta ahora.
El diálogo nada engendra, solo la presión es fecunda
Estamos ante un gobierno que sabe cómo imponerle una agenda de defensa de intereses al país, pero que no sabe cómo alcanzar una coalición mínimamente presentable. Sabe negociar cuando está en abierta ventaja, pero no tiene colectivamente las virtudes políticas que permiten convencer a los propios aliados de comportarse como tales.
Este es un gobierno en que republicanos no desea compartir una misma agenda con sus socios, sino que busca presionar a La Moneda para que adopte el curso de acción que más le acomoda y la que más incomoda a sus aliados. Es también un gobierno donde el presidente del partido eje del oficialismo puede tratar de "inmoral" a una autoridad de gobierno sin consecuencias visibles, mientras un partido maltratado como RN trata de mantener la disciplina oficialista concentrándose en los objetivos comunes. Y lo peor es que ambos se comportan como si esto fuera lo más natural del mundo.
Nadie sabe para qué sirven las reuniones de coordinación, porque los partidos de Chile Vamos se siguen informando de las ultimas agresiones de sus socios, no por lo que le dicen en La Moneda, sino leyendo los diarios como cualquier vecino.
La derecha nos tiene acostumbrados a que, cuando la sangre llega al río en grandes cantidades, los responsables del estropicio paran sus ataques y dicen algo casi incomprensible del tipo "nos ponemos detrás del Presidente", lo que para efectos prácticos significa que al día siguiente suspenderán el ataque para descansar. Pero lo cierto es que la relación de republicanos con sus socios es cotidianamente la presión pública, los hechos consumados y el dar el primer golpe. Por lo general, los acuerdos que nunca intenta con la centroderecha los consigue con libertarios y actúan en conjunto. La disciplina oficialista es una especie de broma de mal gusto.
El desgaste por erosión
No hay que olvidar que todo esto sucede mientras, en lo externo, los principales objetivos se están alcanzando. Esto es tan cierto como que la erosión en la derecha es una constante a la que nadie sabe cómo poner remedio.
Y así como el Gobierno tiene éxito y las relaciones entre partidos polares son un desastre cultivado, de lo que existe plena conciencia es que un conflicto abierto con réplicas constantes no es sostenible para nadie. De modo que existe acuerdo en que, pase lo que pase, se mantendrá a toda costa una poco creíble apariencia de normalidad. Operan normas más propias de la guerra fría en versión sádica y masoquista. La versión sádica es la de republicanos que golpea a sus aliados hasta el cansancio y luego declara la paz. La versión masoquista es la de RN, que es agredida sin provocación alguna, pero que siempre termina invocando la unidad familiar. Son tal para cual.
Sin embargo, ya nadie se puede sorprender de que a medida que los conflictos internos en el Gobierno van aumentando y las diferencias se ventilan todos los días por la prensa, existe, sin embargo, un consenso en los litigantes: a ninguno se le ocurre apelar a Kast para que dirima algunas de las peores querellas y resuelva. Es la mayor confesión de debilidad que nos hace en cada jornada la derecha. Los que conocen mejor al Presidente son los que saben lo que no es posible pedirle.
Esta combinación de logros de gobierno con erosión interna augura ser pan para hoy y hambre para mañana. Se está viviendo al día y por eso perderán el futuro. En algún momento se requerirá la existencia de una verdadera coalición que haga creíble la necesidad de la continuidad en el poder y no se ve cómo esto pueda ser conseguido cuando se está practicando a diario el gusto por estar distanciados. Nadie sabe para quién trabaja, pero es posible que la derecha sí lo intuya.