¿Nos determina la tecnología?

En la universidad intentábamos difundir ideas editando un diario. Aparecería –según propósito en titulares– quincenalmente pero con suerte, salía cada dos meses impreso en un Mimeógrafo. Era un aparato, manejado a mano, que reproducía lo escrito en el “stencil”: –una hoja fina y sensible en que perforábamos las letras con la máquina de escribir sin cinta. Por el stencil asegurado a un rodillo que giraba a mano, pasaba la tinta a una hoja tamaño carta y salían hasta 20 copias de buena calidad. Si queríamos aumentar el número de ejemplares aparecían borrones.

No es historia como el cine mudo. Les aseguro que el presidente Lagos lo usó, incluso Aylwin y más de algún bando del general fue editado de esta manera.

¿Y cuándo apareció la fotocopiadora XEROX?Algunas en el año 1970. Por supuesto que había imprentas pero eso no sería actuar en seductora clandestinidad sino una actividad, como la llaman, republicana.

¿Y los cálculos de mi Tesis de Grado? Eso lo hacía la Monroe, una calculadora del porte de un lustrín y medio, 8 kilos, operaba a 220 volts, propiedad institucional y mostraba en dígitos giratorios los promedios, las desviaciones standard y si las diferencias eran significativas.

La Monroe –sin relación con Marilyn– valía US$ 1,500- puestos por la institución.

Una calculadora con idénticas funciones en librería Providencia mide 0,115 x 10-6m3 a US$ 8 en 2013. Su volumen es 0.85% de la Monroe y su precio es el 0.53% de ésa. Puedes llevarla en el bolsillo: se miniaturizó y abarató. La variación tardó 30 años y seguirá más adelante.

Ya había televisión y canal 13 pero fuera de los Rayos X que mostraban lo duro en el cuerpo y del alambraje del electro-cardiograma los diagnósticos se hacían oyendo las quejas del paciente, palpando ganglios o hígado y auscultando pulmones y corazón, muy por encima del camisón. Los exámenes de laboratorio no se pedían ni venían en combo: eran pruebas químicas separadas.

En esos años ya había computadores tamaño coche dormitorio, alejados del uso ciudadano; estaban en Ingenierías. En los 80s, en escritorios de decanos aparecen procesadores de texto imprimiendo en minutos muy justificados textos.

Siguiendo adelante las universidades no tendrán bibliotecas, los estudiantes llevarán todo en el bolsillo, los exámenes serán transnacionales, las notas en rankings planetarios ajustados según PIB/país y las conferencias por la red desde famosos expertos en el sudeste asiático con traducción cibernética a todo idioma sin censuras tristes.

Todo esto habrá que pagarlo de manera que surgirán empresas que administrarán los procesos educativos y no habrá ni un cobre para los con menos recursos. La separación que hoy muestra la PSU entre los con y sin billete seguirá igual, Pascual.

La reforma educacional en Chile NO la realizaron los que actualmente (o en un posible futuro) tienen la administración del gobierno: ellos son el producto de un sistema que junto con encumbrarlos al poder les creó su problema actual: porque quedaron Ñoños (según la RAE: personas sumamente apocadas y de corto ingenio; caducos, chochos) incapaces de utilizar la tecnología disponible que llega por cine e Internet. La generación de conocimientos y la investigación son empresas sin fronteras. Y en Chile, ¿dónde quedamos nosotros?

No estamos solos en nuestro lamento: somos un continente donde apilamos en el sub-consciente, que nos delata, toneladas de papel carbónico y máquinas de escribir mecánicas, como librería de viejo.

Varios autores han advertido que no es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la más adaptable al cambio.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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