Contra las cuerdas

Como congeniar el frío solitario y desolador del invierno provinciano del sur de Chile, el aislamiento ,la discriminación sin voz, la homosexualidad nacida desde un profundo arraigo rural, esos lagos y ríos gélidos de esa región Osornina que les da su nombre, el boxeo amateur como motor de vida, la belleza adolescente femenina, la tristeza profunda de nuestro Santiago querido a los ojos de un provinciano, las barriadas periféricas desoladoras, ese gris azuloso y permanente que nos dan esas partículas en suspensión de nuestros inviernos capitalinos, esas miradas vidriosas de nuestros amados y olvidados proletarios, el anhelo provinciano de un horizonte capitalino acogedor, temblores epilépticos como un presagio trágico una condena divina, la deprimente atmosfera subterránea de un metro urbano uniforme e indiferente en su triste reflejo y su falta de capacidad de asombro, la contradicción del sueño emigratorio truncado de una vida laboral auspiciosa y prometedora en el gran Santiago, confrontada a la vida familiar quieta, como una pintura de naturaleza muerta, arbolea, nublada, rutinaria y semibucólica de la provincia sureña.

La película Chilena “ Mi último round” del realizador Julio Jorquera nos enseña como estos aparentemente disímiles factores que conforman un cúmulo de elementos ricos y frutosos para una gran guión y por ende derivar en una mínima- gran película pueden hacerse realidad palpable.

Solo basta con que ritualmente nos sentemos en la butaca del cine, nuestro mundo quede fuera y veamos a los intérpretes nadar por esas aguas complejas del naturalismo actoral.

Lo primero a destacar de esta gran película es la selección de casting, rostros masculinos y femeninos disimiles en su belleza y dureza puramente criolla, que comulgan armoniosamente con la desolación y desesperanza social que subyace en el guión de este filme chileno hasta el tuétano.

La cámara logra capturar esas imágenes puras que no requieren de texto para narrarse a sí mismas. Penumbras, rostros de luces y sombras ambientes que se pueden oler y que piden permanentemente ser leídos y complementados con la narración que avanza en la pantalla
“Mi último round” sub-relata y retrata sin concesiones una historia como muchas que se podrían hallar en las veredas de nuestra urbe.

Respira en este filme, la violencia discriminatoria, el refugio de almas perdidas en que se ha convertido hoy la disciplina boxeril amateur, un deporte de pasado glorioso pero que hoy resuena anacrónico, olvidado y menospreciado, el inevitable descompromiso que conlleva el impulso y el intento amoroso de pareja guiado por el deseo sexual sin límite como anhelo atávico prohibido.

Todos estos elementos se orquestan armoniosamente para empujar y alimentar un desenlace triunfal y heroico para el protagonista de esta película. Él solo busca ese nockout rotundo y definitivo, quiere conectar ese gancho demoledor al mentón de sus sueños rotos de animal herido o bien recibir contra las cuerdas ese puñetazo que le cegará la vista ante su reflejo social de ciudadano inútil de tercera clase. Todo esto en el cuadrilátero despiadado de la vida triste que le toco vivir en un país llamado Chile.

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