Violeta se fue a los cielos…

Andrés Wood tenía un gran desafío al dirigir una película sobre la vida de Violeta Parra.

No es tarea fácil ofrecer un retrato fílmico y una interpretación personal, a la vez que realista, de una de las figuras más emblemáticas e icónicas de la cultura popular.

El hecho de que el público se volcara a los cines, a hacer de este estreno uno de los más vistos en el último tiempo, responde en parte al fervor y cariño que la gente guarda por esta gran creadora, pero también a que este director nos tiene acostumbrados al buen cine con obras como Machuca y La Buena Vida.

A mi parecer Wood tiene una gran habilidad para filmar momentos y ámbitos del imaginario colectivo nacional, desde un realismo desgarrador e intimismo, capaz de humanizar los mitos enraizados en nuestra memoria.

Violeta se fue a los cielos es una historia no lineal de la vida y tiempos de Violeta Parra.

El compromiso del director es con la creadora y con la mujer, más que con la biografía y el contexto histórico.

Personajes cercanos al tiempo y a la vida de la cantautora como Pablo Neruda y el Partido Comunista son mencionados tangencialmente,  pero la relación y lugar que éstos tuvieron en su vida son subyugados a la narración íntima de la artista.

En la obra de Wood, la niñez difícil y sufrida de Violeta y sus hermanos, explican y forjan a la mujer de carácter duro, conflictuada con su aspecto físico y consciente de su origen de clase.

La escena del Club de la Unión, es el guiño crítico de Wood al clasismo chileno, pero también a la conflictiva posición que el arte popular ha tenido siempre dentro de la cultura nacional.

Violeta toca y canta para una elegante concurrencia, en un lugar que le es ajeno.

Toca y canta para ser desoída e irrespetada. El conflicto y la violencia de la escena, se acentúan cuando la cámara se fija en el rostro de la artista, para mostrar lágrimas de rabia y frustración, para sutilmente en una escena cruda y paralizante de la película, devolver el matiz político de la vida de Violeta Parra.

Es destacable también el profundo respeto con el que la cámara retrata y se sitúa dentro de los mundos obreros y campesinos conocidos y estudiados por Violeta Parra.

La pobreza rural de la primera mitad del siglo XX, es retratada realistamente, sin exotización, ni romanticismo, pero con dignidad y dentro de un tramado poético de saberes populares y prácticas culturales recopiladas y transmitidas hasta nuestros días con esta gran creadora.

Violeta en la obra de Wood es una creadora incansable, obsesiva y apasionada, capaz de renunciar a su familia y a sí misma, a cambio de su trabajo.

Lejos de la mujer ideal, Violeta es un torbellino de genio cambiante, leal a sus amores, sus deseos y sus ideas políticas.

Ciertamente, Wood está consciente de que no está retratando un personaje simple, que no es una mujer que admita un molde, o que pueda caber dentro de un rol de género convencional. Es ella quien decide cuándo, cómo y  a quién amar.

En este nivel narrativo, la interpretación de Francisca Gavilán es magistral. La actriz logra con disciplina, no solo parecerse y cantar como Violeta Parra, sino que además logra construir un personaje único, creíble y realista de una mujer sencilla, pero fuerte.

Una mujer conflictuada con el amor, y por tanto, difícil de amar. Tremendamente política y comprometida, pero no por eso, menos reflexiva de su relación con el arte y de su individualidad.

La escena final del gavilán y la gallina, que tiene una lectura política explicada por la propia protagonista al decir que el ave de presa representa al capitalismo y el ave capturada a Latinoamérica, es también, el clímax narrativo de la constante irrupción de las imágenes de aves presentes en toda la película.

La gallina capturada, atrapada y sacrificada es también Violeta, atrapada por el amor, por la obsesión creativa y una pasión que la consume hasta la muerte.

Este matiz, tal vez es donde reside el valor universal de la película: la compleja relación que la mujer artista tiene con su obra, con el arte  y consigo misma.

La tremenda capacidad de unir sus sentimientos y sus ideas en tanto individuo con creaciones que apelan e interpelan estéticamente a audiencias más amplias y variadas.

Aquí la música y las canciones de la banda sonora constituyen otro guión, otro texto que refuerza la trama de la película, que se sitúan estratégicamente en cada momento importante de la vida de Violeta Parra.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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