Un gobierno con dignidad y logros en un entorno de manipulación mediática

Hay un cambio de gobierno y es momento de reflexionar sobre lo que ha sido el mandato del Presidente Gabriel Boric. La idea de que se termina un gobierno "desastroso" ha calado hondo, gracias a un modelo minuciosamente armado por la ultraderecha. Se buscó a un enemigo: los migrantes y, por momentos, el propio Mandatario. Los números no importan, lo que importa es la operación mediática de élite. Se trató a los funcionarios públicos de parásitos, sin distinción, con el objetivo de minar la confianza y desprestigiar el servicio público.

A mi juicio, se termina un buen gobierno, con aciertos y errores. El Presidente Boric mantuvo el equilibrio en muchos sentidos: económicamente, aunque se esfuercen por desprestigiar la labor; en lo social, se avanzó más que en cualquier otro gobierno. Algunos logros incluyen pensiones, copago cero de Fonasa, royalty minero (la más importante política de redistribución de ingresos de los últimos 30 años), ley de cuidados, ley TEA, aumento récord del salario mínimo y las 40 horas. Incluso en seguridad se avanzó: homicidios a la baja, creación del ministerio de seguridad pública, aprobación de la ley de seguridad municipal y activación decidida de los municipios.

Se cometieron errores, como la fallida incursión de Izkia Siches en La Araucanía, pero el gobierno logró disminuir en 50% los eventos o ataques terroristas en la región. Durante el gobierno de Piñera, esto era incontrolable.

El Presidente Boric sale fortalecido, con una experiencia encomiable y satisfecho de la misión cumplida. Fue el gobierno que menos se endeudó, bajó la inflación a cifras históricas y aumentó la inversión extranjera. Chile se posiciona como uno de los países de la OCDE con mejores resultados y mayor proyección.

La ultraderecha acusa, insulta y agrede. Es hora de que la oposición se una en torno a la justicia social, la equidad territorial, la redistribución del ingreso, la colaboración y la humanidad. No podemos normalizar la reivindicación de dictadores o la impunidad para violadores de lesa humanidad. La descomposición del sistema es evidente, y nuestro mundo debe ofrecer un camino alternativo.

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