Los cambios de gobierno siempre representan una oportunidad para mirar el futuro con una perspectiva renovada, particularmente cuando las relaciones entre los países han pasado momentos complejos. Producto de una serie de acciones en el plano bilateral y ciertos alineamientos multilaterales adoptados por Chile, las relaciones con Israel pasaron por un paréntesis alejado de su historia y tradición.
No es el momento de ahondar en las desavenencias pasadas, sino de trabajar por la normalización de las relaciones, pensando especialmente en los desafíos que tienen ambos países y en las necesidades e intereses de sus pueblos. Israel y Chile comparten una historia de cooperación de casi ocho décadas, que se ha caracterizado por la amistad diplomática, el intercambio de conocimiento, el respeto a la democracia y los derechos humanos, y una vocación común por innovar para un mundo mejor.
Aunque geográficamente distantes, Israel y Chile comparten rasgos que han marcado su desarrollo: aislamiento geográfico, territorios con condiciones climáticas desafiantes, procesos migratorios complejos, desafíos de seguridad, vocación por la ciencia y la tecnología, y sociedades activas en causas de equidad, educación, justicia social y conservación ambiental.
De esta forma, el camino ya recorrido, puede ser una base sólida para seguir avanzando en los desafíos comunes. Por ejemplo, la cooperación tecnológica ha sido uno de los pilares del vínculo. Israel es reconocido mundialmente por su ecosistema de investigación, desarrollo e innovación, y existen amplias posibilidades de ampliar programas conjuntos entre instituciones científicas y organismos dedicados al fomento de la innovación.
En otro ámbito, la experiencia israelí en gestión eficiente del agua, integración de energías renovables y desarrollo de soluciones tecnológicas para la agricultura han sido durante años un puente para el desarrollo y el progreso, constituyendo elementos claves frente a la crisis hídrica que no da tregua.
Algo similar ocurre en el mundo de la minería, donde la integración de tecnologías de gestión hídrica, energías solares y sistemas avanzados de tratamiento de agua ofrece una solución ampliamente apreciada en la mayor industria chilena.
En el sector de la salud pública y la gestión de emergencias, la cooperación también tiene un enorme historial y potencial. Israel ha desarrollado capacidades relevantes en telemedicina y en medicina de catástrofes, áreas particularmente importantes para países que enfrentan emergencias naturales con frecuencia, desde terremotos hasta incendios forestales.
La cooperación también se extiende a áreas como seguridad pública y ciberseguridad, la cooperación puede contribuir al fortalecimiento de capacidades frente a desafíos globales cada vez más complejos, como el narcotráfico y el crimen organizado.
La relación entre Israel y Chile no se limita a la diplomacia tradicional. Es, sobre todo, una relación de cooperación práctica, basada en la convicción de que el intercambio de conocimientos, experiencias, modelos y tecnologías puede generar beneficios concretos para ambas sociedades.
En un mundo marcado por cambios acelerados, transformaciones tecnológicas, y desafíos climáticos, migratorios y de seguridad, las alianzas basadas en la innovación y el desarrollo adquieren un valor especial. El nuevo ciclo político que se abre en Chile puede ofrecer una oportunidad propicia para profundizar las relaciones con Israel, retomar con fuerza los canales de cooperación internacional y explorar nuevas áreas de trabajo conjunto.
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