"Tengo un trabajo para ti"

Coescrita con Carlos Rojas Huerta, encargado de Planificación y Proyectos de Fundación Madre Josefa

El 30 de julio se conmemoró el Día Mundial contra la Trata de Personas. Hablar de este delito exige desmontar una imagen que todavía persiste: la de personas encadenadas, trasladadas clandestinamente por una frontera y custodiadas por redes fácilmente reconocibles. La trata suele operar de maneras mucho menos visibles. Puede comenzar con una promesa, una relación de confianza o una oferta laboral que parece legítima. Puede afectar a personas migrantes y también a nacionales. Lo que la define no es la nacionalidad ni la situación migratoria de la víctima, sino la captación y el control orientados a su explotación.

"Tenemos un trabajo para ti". Así, o parecido, puede aparecer hoy en una red social, una aplicación de mensajería, un aviso en internet o un afiche en la calle. Para quien busca ingresos, estabilidad o una oportunidad para su familia, la propuesta puede parecer razonable: buen sueldo, traslado, alimentación, alojamiento, regularización de documentos o posibilidades de progresar. La captación no siempre se presenta como una amenaza. Precisamente por eso puede ser eficaz: se instala en una necesidad real y se reviste de confianza.

La oferta incluso puede ser parcialmente verdadera. El viaje puede realizarse con documentos y por rutas regulares. Puede no existir ningún personaje con apariencia "mafiosa". El engaño puede aparecer después, cuando cambian las condiciones prometidas, se retienen documentos o salarios, se impone una deuda, se restringen los desplazamientos o se utiliza el aislamiento y la dependencia económica para impedir que la persona abandone la situación.

Una de las mayores dificultades para enfrentar la trata es justamente su invisibilidad. No siempre hay encierro físico, golpes o cadenas. Puede haber amenazas, dependencia, manipulación emocional o miedo a acudir a las instituciones. Por eso, la pregunta no puede ser por qué una persona "acepta" o por qué no escapó antes. La mirada debe ponerse en los mecanismos que reducen sus alternativas y permiten ejercer control sobre ella.

Prevenir, entonces, no puede reducirse a recomendar que las personas desconfíen de toda oferta laboral. Significa entregar información confiable, favorecer rutas migratorias y laborales seguras, reducir factores de vulnerabilidad y fortalecer las redes capaces de identificar tempranamente una situación de riesgo y activar protección.

Aquí la sociedad civil tiene un papel fundamental. Prevenir significa estar cerca: en los barrios, escuelas, comunidades, municipios, espacios laborales y organizaciones sociales. Significa hablar sobre mecanismos de captación, explicar derechos laborales y migratorios, formar a quienes pueden detectar señales de alerta y asegurar que una señal pueda transformarse en orientación y protección. Este es precisamente uno de los aportes de la Fundación Madre Josefa y el trabajo que realizan en prevención y sensibilización frente a la trata, acercando información, fortaleciendo la detección temprana y articulando redes de orientación y protección.

Poner el foco en la prevención nos permite ampliar la mirada y preguntarnos: ¿Qué condiciones permiten que alguien quede aislado, sin información, sin redes o dependiendo por completo de quien controla su trabajo, alojamiento, documentos o ingresos? La irregularidad documental, la informalidad laboral y la falta de redes pueden aumentar la exposición al abuso, pero no deben convertirse en etiquetas que culpabilicen a las personas migrantes. Son vulnerabilidades que una política preventiva debe reducir.

Construir una sociedad más cohesionada es también una estrategia de prevención. Chilenos y extranjeros compartimos barrios, escuelas, trabajos y espacios comunitarios. Allí se juega una parte importante de la respuesta: en nuestra capacidad de reconocernos como sujetos de derechos y de entender que una oferta abusiva, una retención de documentos, una deuda impuesta, una amenaza o un trabajo del que alguien no puede salir no son asuntos privados que debamos normalizar.

La trata se beneficia del silencio, del aislamiento y de la invisibilidad. La prevención hace lo contrario: informa, conecta, fortalece redes y abre alternativas. Ese es también el desafío de construir una convivencia en la que la vulnerabilidad de otros no nos sea indiferente y en la que nadie quede tan solo que la explotación termine pareciendo su única salida.