Oportunismo igualitario

El Presidente Sebastián Piñera sorprendió a todos con un proyecto de matrimonio igualitario y mostró nuevamente el por qué la ciudadanía no ve más que transacción, efectos comunicaciones y estrategias electorales tras la "elite política" que busca adaptarse según los sondeos de opinión para mantenerse en el poder, o como en este caso, pretender pasar a la historia y/o golpear el tablero de ajedrez de la política en tiempos preelectorales.

Cuando los políticos intentan acomodarse a las grandes tendencias de opinión, en búsqueda de legitimidad, van consiguiendo el descrédito absoluto como ha sido el caso en Chile. Es posible que luego de las elecciones del pasado 15 y 16 de mayo el Presidente haya analizado las actuales corrientes mayoritarias de opinión y así concluyó que en estos "nuevos tiempos" se debe actuar de acuerdo con ellos.

El objetivo pudiera haber sido mejorar en algo en las encuestas y quedar en la historia como la figura política que permitió el salto al matrimonio igualitario, al igual como ha sucedido en 31 Estados en el sistema internacional.

Al respecto, cabe recordar que hace un par de años pretendió transformarse en una suerte de líder en materia medioambiental, aunque en su historia de vida nunca había registrado inquietud por temas que requieren una ampliación de conciencia. Pareciera que la figura del expresidente Lagos como "capitán Planeta" lo podría haber motivado a asumir un nuevo compromiso con dicha agenda en el contexto de la Cop25.

Por cierto, no cabe duda de que el Mandatario cuenta con la capacidad intelectual de entender el asunto y el entramado de intereses que conlleva, pero la duda está permanentemente en las razones que mueven sus nuevos "impulsos", es decir, cuál es la real motivación política. En su historia de vida ha sido un coherente actor desde el pensamiento y la acción en la defensa y promoción del capitalismo financiero y especulativo, por lo que sus demás abruptas convicciones no resultan muy creíbles. Más bien parecen apuestas de mercado frente a los efectos que ellas podrían generar en el reparto de utilidades políticas.

Obviamente todas las personas tienen derecho a cambiar de opinión, incluido el Presidente, pero lo esperable en ello son los argumentos que se entreguen y el respeto al compromiso realizado ante el país tras el cual ha sido electo. En este caso, el matrimonio igualitario no estaba entre ellos. Un presidente no tiene que ser necesariamente sabio o proclive a cultivar la sabiduría, sin embargo, un líder que aspira a gobernar a su pueblo debe tener al menos algún interés en aquello, y en ello comprender que la autoridad se fundamenta en el respeto a la palabra entregada y el compromiso con las ideas presentadas ante la nación. Esa coherencia es la que hoy en general no se observa entre nuestra elite política, cuestión que de alguna manera explica el desprestigio de la democracia representativa y de quienes han gobernado el país durante las últimas décadas en general.

Cabe señalar que el Presidente Piñera proviene de una tradición del liberalismo utilitarista, pragmático, eficientista tan propia de los tiempos de la modernidad. Ha sido parte de las fuerzas ideológicas que intentaron homogenizar la gobernanza económica mundial al servicio del capital, cortando el vínculo entre éste y la producción. Hoy, en pleno cambio de época, Sebastián Piñera intenta promover el cambio cultural que advierte está en el marco teórico y acción social de las autodenominadas fuerzas progresistas, conllevando respuestas ideológicas en sintonía a un sujeto autónomo, desconectado de toda visión de bien común que entiende que sus intereses son convertibles en derechos. Esa visión que de alguna manera en lo material fue pulverizando el tejido social en Chile y en muchas democracias en donde las fuerzas del mercado se impusieron a las de la comunidad, hoy posiblemente se acomodarán mayoritariamente en el ámbito de las libertades individuales, donde a todas luces han avanzado en su concepción de mundo.

En estos días observamos que la aspiración principal de estas agendas "libertarias" es situar al sujeto y su libertad como un fin en sí mismo. Alcanzar como ideal que el individuo realice lo que le plazca o estime conveniente. Es decir, va en la misma dirección que nos ha llevado el liberalismo económico cuando perdió de vista el valor del nosotros (comunidad). Ahora sin embargo se sitúa desde la banalidad en el ámbito espiritual de la sociedad.

El ciclo político que se observa en el cambio cultural al cual estamos asistiendo posiblemente se profundizará durante estos tiempos posmodernos, pero para quienes reconozcan en la historia de la humanidad valores permanentes y luchas por establecer una ética a la conducta humana, comprenderán que el progresismo es un espejismo fundado en una ideología que durante el siglo XX creó sociedades arbitrarias y deshumanizantes en vistas a al nacimiento del "hombre nuevo" que no llegó, pero sí trajo grandes sufrimientos para el hombre y mujer de carne y hueso.

Dicho fracaso es un buen ejemplo para comprender, desde la perspectiva humanista, los enormes dilemas que enfrentará la humanidad luego de estos procesos de avance en materia confusión y sentido de vida humana sin sostén antropológico.

Posiblemente el Presidente Piñera comprendió que tenía la posibilidad de una nueva "pasada" especulativa respecto al impacto que podría tener en la valoración del gobierno este repentino anuncio. En consecuencia, muy probablemente la figura del presidente (no su gobierno) tendrán el reconocimiento inquebrantable de los grupos que se organizan al objeto de conseguir avances en materia del reconocimiento de los derechos para homosexuales y diversidad sexual, pero posiblemente quedará en la historia una acción oportunista que se comprende desde la especulación y no desde la convicción.

Por último, se sostiene que con el matrimonio igualitario se reconoce el derecho amar sin limitaciones o prejuicios. Por cierto, el amor en todas sus formas, desde la amistad cívica hasta el amor fraternal y conyugal son manifestaciones excelsas de la humanidad que sin duda debieran darnos el sentido a nuestras vidas. San Agustín lo decía con gran propiedad: "Ama y has lo que quieras". En efecto, el amor es generoso, comprende sus actos en el bien del amado y no está dispuesto hacer sufrir al amado por satisfacción personal o interés individual. De alguna manera conlleva la lógica inversa que la fuerza motora que empuja los temas de la agenda del cambio cultural, en los cuales se han puesto de moda el yo (ego) por delante.

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