Lo que se comparte es la ausencia de agenda. El Gobierno está haciendo noticia por lo que hace y la oposición por aquello que no hace. La administración de Kast se adentra en sus primeros conflictos porque está aplicando una agenda representativa de las posturas de la derecha más dura. Los partidos de la oposición se han dividido por razones desvinculadas con las diferencias programáticas y relacionadas con posiciones de poder. Son dos registros completamente distintos. Esto muestra una diferencia drástica en cuanto a la forma en que se tratan los conflictos al interior de cada uno.
No hay duda de que dentro del oficialismo hay una gran diferencia entre hegemónicos y dialogantes, es decir, entre quieres abogan por que sus posiciones se impongan al resto y quienes estiman necesario el diálogo con la oposición.
Los primeros creen que las negociaciones no se justifican si es posible asegurarse mayorías parlamentarias, aunque sea por diferencias mínimas de votos, mientras toman las decisiones que el Ejecutivo puede implementar a su voluntad. Los segundos, los aperturistas, estiman que ganar ahora no es asegurar la estabilidad de lo que se gane y por eso quieren ampliar los acuerdos.
Las fuerzas, sin embargo, están desequilibradas. Aunque los ministros del Comité Político que provienen del Parlamento tienen formación y experiencia en conseguir acuerdos, es evidente que tienen un espacio de maniobra limitado.
Basta con conocer las instrucciones comunicacionales que coordinan a los ministerios como para saber que el equipo de colaboradores cercanos al Presidente milita en las posiciones duras. Desde el segundo piso de La Moneda buscan una completa subordinación de todos los equipos de gobierno a sus directrices, las que sobrepasan las habituales en otras administraciones. Hay aquí diferencias importantes, pero hasta este momento su procesamiento es interno y hacia afuera se presenta un frente unido, en especial porque no hay ningún espacio para la línea que Kast defina. Las tormentas que enfrentará el oficialismo vendrán de fuera. Al frente lo que se tiene es el caso inverso.
Las tiendas opositoras están conscientes de su deficiente desempeño e intentan mejorar su imagen, pero con pocos resultados. Acaban de retomar las reuniones, pero la ausencia de una perspectiva más amplia que guie sus movimientos hace que la noticia del día sea el hecho mismo de haberse reunido, mientras que está ausente el anuncio de una agenda de trabajo común o el propósito compartido de llegar a tener una coordinación estable.
De vuelta a las fallas de los padres
En las semanas finales del gobierno de Gabriel Boric los análisis sobre lo que vendría tenían coincidencia plena en pronosticar un quiebre entre los partidos aliados producto de las diferencias estratégicas que habían exhibido durante los cuatro años del líder frenteamplista. Incluso los dirigentes partidarios del sector reaccionaban con anticipación a este escenario, ya se aceptándolo o resistiéndolo.
Mirado ahora este escenario llega a parecer hasta preferible. El derrotero que finalmente siguió la oposición se relaciona con haber dilapidado el tiempo que tuvo de sobra para hacer un análisis adecuado y en conjunto de la derrota rotunda que acababa de tener. Pero el hecho de que nunca se hubiera intentado algo ni siquiera parecido nos dice mucho de las causas de fondo de la actual coyuntura.
Se llegó a la negociación parlamentaria de las mesas de ambas cámaras completamente impreparados para este proceso. No era fácil darse cuenta de lo que ocurría porque las negociaciones estaban siendo igual de dinámicas e intensas como lo habían sido siempre.
Pero había una gran diferencia: todos los movimientos eran tácticos, pero el marco político compartido brillaba por su ausencia. Por lo mismo, la guía de los movimientos fueron los intereses individuales y de partido con lo que los límites que aconsejan la prudencia se sobrepasaron con frecuencia.
Es más fácil darse cuenta de las malas actuaciones que se hacen presentes que de las ausencias, pero estas últimas han pesado mucho.
El comportamiento errático de la oposición no fue advertido por la mayoría porque los análisis partían de una proyección en el presente de las diferencias que se pueden advertir entre partidos durante la administración Boric. Y ahí está el error. Se esperaban dos o tres oposiciones porque se entendía que el socialismo democrático sería un polo de articulación reformista, el FA ofrecería una réplica de su actuación crítica con poca regulación interna, y el PC estaría de regreso a las movilizaciones, ya sin necesidad de medirse y proteger a sus ministros.
La constatación más simple indica que nada de esto ocurrió porque el gobierno de Boric fue una experiencia que se cerró en sí misma, sin que de allí se derivaran continuidades nítidas una vez que se perdió el poder. ¿En qué sentido se puede decir que las diferencias en la actual oposición se derivan de alguna manera de la administración anterior? Las agrupaciones circunstanciales que se pudieron observar durante las recientes negociaciones tuvieron que ver con la búsqueda de ocupar espacio, con mantener o conseguir cuotas de poder, con las habilidades personales y de credibilidades ganadas o perdidas. No se relaciona con nada trascendente. Es un juego vaciado de contenido.
Lo que explica el comportamiento opositor es anterior a Boric. Es la ausencia de conducción en la centroizquierda. Los lugares desde donde se podía esperar una conducción, que considerara un bien común más amplio que el de cada partido, nunca han estado presente.
Fallaron los que debieron hacer el primer llamado. La única continuidad que se observa en la centroizquierda ha sido la imposibilidad de llenar por completo su propio espacio y de ampliar su atracción a otros actores. No es un polo, es un área más de dispersión. Sobras los tácticos, faltan los estrategas.
Por eso el liderazgo ha seguido vacante y por eso también el liderazgo es hoy una silla vacía ubicada al centro del escenario de un teatro que no abre sus cortinas porque no tiene ningún libreto que permita representar una obra. Sin duda, el futuro es de aquellos que se acuerden de que es posible convocar a socios, no a compinches; de forma transversal y no por el camino fácil de las proximidades obvias; por ideas movilizadoras y no por intereses inmediatos.
El problema a este lado del espectro político nunca ha estado en la presencia de la derecha, sino en la ausencia de causas aglutinadoras que junten voluntades más allá de los cálculos de quien tiene más posibilidades de ganar elecciones, cálculos que, por lo demás, no han dejado de fallar. Nos han sobrado políticos, nos ha faltado política. Reconocerlo es el principio de una reacción colectiva de gran envergadura.
Desde Facebook:
Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado