Chile es un líder mundial en minería, genera una enorme riqueza y tiene enormes recursos para seguir haciéndolo a futuro. Pero, al mismo tiempo, esto no se refleja en el aporte para tener un país más equitativo para la mayoría de sus habitantes. Incluso da la sensación de que muchos actores de la industria, así como algunas autoridades estatales y gremiales, no tienen conciencia de ello, prefiriendo que el futuro desarrollo provenga de afuera.
Cuando se trata de minerales, nuestro país se destaca: es el primer productor mundial de cobre, renio, nitratos y yodo. Además, se ubica entre los mayores productores de litio, molibdeno, plata, oro, hierro, arsénico, mercurio, potasio, boratos, sal, azufre y selenio. Últimamente se identificaron tierras raras en el sur del país y se están estudiando otros minerales críticos: cobalto, wolframio, vanadio, cesio y magnesio. Y complementariamente tiene buenas reservas de todos esos minerales.
Se estima el actual valor de la producción anual de minerales del país en unos 60.000 millones de dólares. Esta cifra es superior al valor de la producción anual de Canadá, país que tiene un territorio por lo menos 10 veces más extenso.
Tenemos instituciones estatales de prestigio: Instituto Nacional de Litio y Salares (INLiSa), Codelco, Enami, Cochilco, Sernageomín o CChEN, que pueden apoyar un nuevo modelo de desarrollo. Algún tiempo atrás teníamos al CIMM, Centro de Investigaciones Minero Metalúrgicas, entidad señera para nuestra industria minera, equivocadamente cerrada por autoridades con escaso criterio técnico y menor visión de futuro.
Históricamente, el país ha desarrollado la llamada pequeña y mediana minería que en varios casos ha originado faenas de gran importancia como El Indio, La Coipa, El Salvador y Chuquicamata, entre otras. Hoy esta actividad extractiva de menor escala aparece como una forma de minería más sustentable, que puede aportar en sectores deprimidos económicamente, pero no recibe apoyo estatal suficiente.
Adicionalmente, varias universidades a lo largo del país tienen departamentos de ingeniería de minas, metalúrgica, geofísica o geología, formando profesionales de alta calificación. Y paralelamente existen colegios e institutos profesionales, así como sociedades científicas, todos preocupados por respaldar nuestra industria.
La cartera de proyectos de inversión minera en Chile para el período 2025-2034 contempla más de 60 iniciativas que superan los US$ 104.000 millones. Este portafolio, impulsado por la demanda global de minerales críticos para la transición energética (como el cobre y el litio), marca uno de los ciclos de inversión más altos en la historia del país.
Necesitamos una minería con visión de futuro, integrada y sostenible. Que deje de mirar hacia afuera en busca de mayor desarrollo y se dé cuenta de que somos una potencia mundial con todas las condiciones internas para forjar un futuro mejor. Abierta a recibir inversión externa para los que quieran involucrarse con un país que busca un mejor desarrollo partiendo por dejar atrás nuestra vergonzosa desigualdad, a pesar de ser un país rico en recursos naturales.
Comprometidos con el aumento de aporte a las necesidades más urgentes del país: salud para niños y adultos, educación, vivienda, trabajos dignos y estables. Las condiciones existen, falta la decisión de un estado moderno que avance junto a su ciudadanía hacia una sociedad moderna, paritaria, humanista y solidaria.