Interpretar nuestro pasado, nuestra historia, provocando con ello una conversación permanente, es lo que genera la memoria para una sociedad. Es ir dotando de pertenencia, de sentido, a las historias de personas que habitan un espacio común. En tiempos donde la inmediatez y estar mirando el futuro sin el necesario "retrovisor" de nuestra memoria histórica, nos puede llevar a repetir caminos y conductas que no siempre son lo que queremos, es lo que debemos evitar.
Por ello, el significar aquellos lugares donde a lo largo de nuestra historia han ocurrido hechos que han marcado nuestra historia, cobra mucho sentido.
En todo lugar de nuestro planeta nos podemos encontrar con lugares donde haya ocurrido un hecho que haya determinado el derrotero histórico cultural de una sociedad. Hechos bélicos, políticos, religiosos, o incluso hechos naturales, fueron la premisa de determinados sentidos identitarios de toda una nación o toda una comunidad.
En América Latina, por mencionar algunos, podemos ver por ejemplo que en El Salvador se encuentra la ruta del martirio de monseñor Oscar Arnulfo Romero, o el Monumento a la Memoria y la Verdad en el Parque Cuscatlán, así también en medio del Campus de la Universidad Centro Americana UCA, el memorial a los jesuitas asesinados. En Buenos Aires se encuentra el Museo Sitio de Memoria de la ESMA. En Ciudad de México tenemos el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, que trabaja por la memoria del movimiento estudiantil de 1968.
Cruzamos el Atlántico y en Europa tenemos muchos lugares que pueden identificarse como sitios de memoria en el ámbito de la promoción de los derechos humanos: Gernika, Auschwitz, Chernóbil, Birkenau, Dachau, o el Museo de Historia del Gulag de Moscú (que fue cerrado temporalmente en 2024, hasta la fecha), por mencionar unos pocos de muchos lugares que recogen la tragedia de las violaciones a los derechos humanos.
Y en Chile, nuestro país, también tenemos innumerables lugares que nos recuerdan el oprobio de la muerte y el martirio de compatriotas. Incluso mucho antes de que viviéramos el periodo de la dictadura cívico militar. Dos lugares, anteriores a 1973, pero que recogen este tipo de hechos, y que a pesar del cambio en la fisonomía urbana del lugar persisten en la memoria. Son la Matanza de la Escuela Santa María, en Iquique; y la Matanza del Seguro Obrero, en el centro de Santiago.
Pisagua, Divina Providencia en Antofagasta, exCentro de Detención "Casa del Buen Pastor", Balneario Popular Rocas de Santo Domingo, Estadio Víctor Jara, Estadio Nacional, Villa Grimaldi, Londres 38, exclínica Santa Lucia, Tres y Cuatro Álamos, Patio 29, Cerro Chena, Nido 20, Memorial Paine, Sitio Memoria Hornos de Lonquén, Colonia Dignidad, Isla Dawson, Cuartel Borgoño, Fuerte Morro Talcahuano y varios lugares más en el norte, centro y sur de Chile.
Todos estos lugares, en América Latina, Europa y Chile, y por supuesto en otros países, como el Parque Memorial de la Paz de Hiroshima, en Japón, o el Monumento Conmemorativo Nacional de Martin Luther King Jr. en Washington D.C, Estados Unidos, recogen momentos de la historia encarnados en hombres y mujeres que por el solo hecho de sostener un ideal o defender principios, fueron víctimas de distintos tipos de violencia.
No nos confundimos en entender cuáles son las victimas producto de las violaciones a sus derechos humanos, o aquellas victimas que fueron resultado de conflictos armados internos o guerras multinacionales. Entendemos la diferencia, pero creemos que la consecuencia siempre es la misma, la paz arriada y negada a las sociedades en sus momentos históricos.
Todos estos hechos, supeditan a las comunidades a un pasado común, es como aquellas tragedias naturales, como la erupción del volcán Nevado del Ruiz, en Colombia, que en el año 1985 provocó más de 40 mil muertos; o el tsunami del sudeste asiático que causó más de 200 mil muertes, o en Chile el terremoto y tsunami del 27-F, que causaron más de 500 muertes y 25 desaparecidos.
En Chile, en la Región Metropolitana, en la comuna de Isla de Maipo, lugar donde vivían los 14 de los 15 mártires de los Hornos de Lonquén y los dos jóvenes ejecutados y detenidos desaparecidos del puente Naltagua, también hubo un hecho, una catástrofe natural que dio no tan solo identidad a sus habitantes, sino además origen a una de las festividades religiosas más importantes de la zona: la de la virgen de la Merced; y fue la inundación del rio Maipo el año 1898. Tan devastadora, que llevó a sus habitantes a crear esta verdadera tradición, porque las aguas retrocedieron, y en gratitud, prometieron celebrar a la virgen cada año el domingo siguiente al 24 de septiembre.
Es lo que uno de los referentes de la sociología, Émile Durkheim, llamó la conciencia colectiva. Que es la causa de la solidaridad entre las personas, la solidaridad social, fruto de creencias y sentimientos en común, que lleva a compartir comportamientos. Estas además que surgen de manera colectiva van dando forma a las maneras de actuar y pensar de los individuos.
Sin embargo, lo relacionado con violaciones a los DD.HH. pareciera ser tener una resistencia. Frente a otros hechos, nos supeditamos a un pasado común, pero cuando se trata de hechos relacionados con estos crímenes, no compartimos necesariamente una mirada común sobre el presente y futuro.
Por ello, en este sentido la memoria, y en particular los sitios de memoria, cobran una importancia ética insoslayable para toda la sociedad chilena.
Convertir los sitios de memoria en una permanente interpelación de un "Nunca Más" activo, no pasivo, no declarativo; donde la educación, el arte, la cultura, el medioambiente, las espiritualidades nutran una cultura de la paz, es quizás el principal desafío, desafío que es en la practica un imperativo ético.