Codelco, la viga maestra

Codelco no es una empresa cualquiera. Es de todos los chilenos y chilenas, y durante su historia ha entregado el 100% de sus utilidades al Fisco y ha aportado cerca de 164 mil millones de dólares al país, siendo evidentemente la empresa que más ha contribuido al desarrollo nacional. Por eso, cuando hablamos de Codelco, no hablamos solo de balances, deuda o gestión. Hablamos de soberanía, de historia y de futuro.

Luego de muchos conflictos y disputas políticas, el cobre fue nacionalizado completamente el 11 de julio de 1971, fecha denominada con justicia como el Día de la Dignidad Nacional o de la Independencia Económica de Chile. Ese día el país tomó una decisión estratégica: que su principal riqueza natural debía estar al servicio de Chile.

La polémica producida en la última junta de accionistas entre el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, y el saliente presidente de la corporación, Máximo Pacheco, no es inocua. No puede leerse como un simple desacuerdo administrativo. Detrás de ese episodio aparecen, una vez más, las intenciones que subyacen en un sector de la política chilena desde hace años: privatizar Codelco.

Toda empresa tiene complicaciones, requiere mejora continua en su gestión y muchas veces también comete errores. Codelco no es la excepción. Como exintegrante de la Comisión de Minería, durante los últimos cuatro años conocimos periódicamente sus principales dificultades. La más dolorosa, sin duda, fue la tragedia del 31 de julio de 2025, con la pérdida de seis trabajadores. A ello se suma también la muerte de trabajadores tercerizados en otras ocasiones, hechos que deben llamar a una reflexión profunda sobre seguridad, fiscalización y condiciones laborales.

También conocimos los problemas estructurales de la empresa: la antigüedad de sus yacimientos, caída de leyes y problemas asociados a costos y riesgos geotérmicos de nuestros yacimientos, los atrasos de proyectos estructurales y el endeudamiento. Este último ha sido utilizado, sobre todo mediáticamente y por sectores de derecha, para instalar un ambiente propicio a los intereses privatizadores.

Pero hay que decirlo con claridad, Codelco entrega todas sus utilidades al fisco. Por tanto, su principal forma de financiar inversión es mediante endeudamiento. Y esas inversiones son precisamente las que permiten proyectar por décadas la vida de sus divisiones. Si a Codelco se le aplicaran reglas similares a las de la minería privada, considerando impuesto a la renta y royalty minero, la deuda sería una quinta parte de la actualmente registrada.

Instalar la sensación de que Codelco es una empresa ineficiente, en crisis terminal o inviable no solo es algo absolutamente falso; también busca legitimar decisiones destinadas a privatizarla. Eso es particularmente grave. Ni siquiera en la dictadura, con toda su carga ideológica, se atrevió a tal cosa. Por el contrario, mantuvo la nacionalización del cobre y de los recursos mineros en rango constitucional, entendiendo que la cuprífera estatal constituye un pilar fundamental de la historia económica y estratégica de la nación.

Privatizar Codelco sería atentar no solo contra una empresa del Estado, sino contra un pilar de la soberanía nacional. Defenderlo no significa negar sus problemas. Significa abordarlos con responsabilidad, sentido de Estado, patriotismo y con la convicción de que el cobre chileno debe seguir estando al servicio del país. Por eso, los trabajadores, las organizaciones sociales, el mundo político y Chile entero deben estar muy atentos al rol del nuevo presidente de Codelco, que siempre ha manifestado intereses privatizadores y que, con sus recientes declaraciones en medios de comunicación, no hacen más que aumentar la duda sobre el futuro de la cuprífera estatal.