Cada 21 de mayo, los chilenos y chilenas recordamos la gesta heroica de Prat en el Combate Naval de Iquique. Si hay algo que nos une a los chilenos es la admiración a don Arturo, principalmente por su coraje, patriotismo y sobriedad, virtudes que estuvieron siempre presente durante su vida pública. Por eso, creo que sería oportuno, pertinente y necesario reflexionar en torno a si los valores que encarnó nuestro héroe nacional Arturo Prat Chacón constituyen o no un referente (o un faro) en la vida pública chilena.
Actuar con coraje no es fácil, requiere ser fiel a las convicciones (sabiendo los costos personales que se pueden pagar). En estos tiempos (marcados por una creciente sensación de frustración frente a la incapacidad de alcanzar acuerdos relevantes para el país) se requiere que nuestros servidores públicos (que muchas veces terminan atrapados en trincheras ideológicas o por cálculos electorales) actúen con coraje y patriotismo.
La discusión sobre una reforma tributaria es, tal vez, un buen ejemplo donde nuestros parlamentarios deberían privilegiar la búsqueda del bien común, por sobre los intereses de los grupos de presión. Es perfectamente posible estimular el crecimiento económico con el respeto de los otros objetivos del desarrollo sustentable (como la protección del medio ambiente y la justicia social). Es lo que se hizo en los gobiernos de la Concertación, donde los presidentes Aylwin, Frei, Lagos y Bachelet (más allá de sus aciertos y errores) intentaron conciliar el crecimiento económico con avances importantes en materia ambiental y social (por ejemplo, en el gobierno de Aylwin se creó la institucionalidad ambiental, se creció a una tasa de 7,4% y se redujeron sustancialmente las cifras de inflación, pobreza y extrema pobreza).
En este y en otros proyectos de ley, Chile necesita que el Gobierno y nuestros parlamentarios que tengan la valentía de pensar en el bien común, incluso cuando las redes sociales, las encuestas o los grupos más duros de sus partidos exijan lo contrario.
La política democrática requiere convicciones, pero también responsabilidad. Ningún país puede avanzar si sus líderes terminan actuando únicamente bajo la lógica de la presión inmediata o del cálculo de corto plazo. Gobernar implica muchas veces tomar decisiones difíciles, dialogar con quienes piensan distinto y construir acuerdos imperfectos, pero necesarios.
El 21 de mayo debería ser una buena oportunidad para exigir que nuestros servidores públicos actúen con coraje y patriotismo, privilegiando siempre el interés superior de Chile.