El reciente encuentro entre el Presidente José Antonio Kast y su homólogo israelí, Isaac Herzog, en el marco del cambio de mando en Costa Rica, no fue una bilateral cualquiera agendada con fines protocolares. Al contrario, bien puede decirse que fue un hito diplomático, que marca la normalización de las relaciones entre ambos países, luego de un período de distanciamiento a raíz de políticas del gobierno anterior.
Por eso, lo ocurrido en Costa Rica es una señal inequívoca de que Chile e Israel han decidido mirarse nuevamente como socios estratégicos, apostando por una relación basada en la cooperación concreta y los intereses comunes.
Este acercamiento no es únicamente un gesto, sino también la ratificación de que Chile e Israel comparten valores esenciales y proyectos comunes: el compromiso con la democracia, el respeto por el Estado de derecho, la promoción de la diversidad y la inclusión, la innovación como motor de desarrollo, y la valoración de la cooperación internacional y la sociedad del conocimiento como herramientas para enfrentar los desafíos del siglo XXI.
Este nuevo impulso abre una oportunidad concreta para construir una agenda propositiva. Israel, reconocido globalmente como un polo de innovación tecnológica, puede ser un aliado clave para Chile en áreas como gestión hídrica, ciberseguridad, salud digital y seguridad ciudadana. Chile, por su parte, es visto en Israel como un socio confiable en América Latina, que tiene mucho que aportar en temas como energías limpias, desarrollo minero y tecnología antisísmica.
Por eso, resulta preocupante que, en reiteradas ocasiones, actividades de carácter cultural, académico o incluso humanitario hayan sido objeto de campañas que buscan desarticular cualquier espacio de encuentro entre ambos países. Lo más grave es que estas acciones terminan afectando iniciativas que benefician directamente a ciudadanos chilenos, desde proyectos tecnológicos hasta programas de cooperación.
La campaña contra la normalización de relaciones se torna más elocuente durante el mes de mayo, cuando celebramos la independencia de Israel. Paradojalmente, esta fecha también marca el catastrófico error del liderazgo palestino, que hipotecó el futuro de su pueblo al rechazar violentamente la solución de dos estados presentada por la ONU en 1947 y aceptada por Israel de inmediato.
Chile es un país que históricamente ha sabido construir puentes y su política exterior se ha caracterizado por el pragmatismo, la apertura y la búsqueda de consensos. Por eso, es lamentable que algunos grupos obsesionados con deslegitimar a Israel quieran convertir las relaciones bilaterales en un campo de disputa ideológica, anteponiendo intereses particulares sobre el bien común.
El encuentro entre los presidentes Kast y Herzog simboliza la voluntad de avanzar, de dialogar y de enfocarse en lo que une. No implica ignorar los debates existentes, sino ponerlos en su justa dimensión, sin permitir que obstaculicen una relación que tiene mucho que ofrecer, tanto para Chile como para Israel.