El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha enfrentado críticas históricas y actuales de amplios sectores políticos y sociales por sus propuestas de ajustes drásticos, por centrarse en la imposición de duras políticas de austeridad que suelen aumentar la pobreza y la desigualdad en los países receptores, y por servir más a los intereses de potencias occidentales, principalmente Estados Unidos, que al desarrollo de los países en los cuales asiste, interviene, supervisa o asesora.
Por lo tanto, las fuertes críticas que plantea el FMI al megaproyecto del gobierno de Kast adquieren un significado especial que debe considerarse tanto en la tramitación del proyecto en el Congreso como en el debate de la opinión pública y los medios de comunicación. Sobre todo que sus observaciones lo sitúan, en varios puntos clave, a la izquierda del propio ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.
Por lo anterior se hace indispensable analizar algunos aspectos de las observaciones contenidas en el informe "Chile: Declaración final del personal técnico sobre la misión de consulta del Artículo IV correspondiente a 2026", fechado el 4 de mayo de 2026. El dato no es menor. El mismo organismo que durante décadas ha sido acusado de promover políticas de austeridad que profundizan la desigualdad, advierte ahora sobre los riesgos de un megaproyecto que combina rebajas tributarias con recortes de gastos. No es precisamente un giro ideológico del FMI, es más bien un reflejo de la debilidad técnica y política de la propuesta oficial.
En primer término, el FMI señala que la economía de Chile mantiene su resiliencia, destacando que la credibilidad de sus sólidas instituciones de política económica resulta especialmente valiosa para responder a nuevos shocks globales y afrontar los desafíos estructurales del país. Cabe recordar que esta primera línea institucional incluye al Banco Central, el SII, el Consejo Fiscal Autónomo, así como la Presidencia de la República y ministerios clave como el de Hacienda, entre otras instituciones.
Uno de los ejemplos que plantea el FMI es que el esquema de metas de inflación de Chile ha demostrado consistentemente su eficacia frente a una sucesión de shocks desde la pandemia. Asimismo, destaca el bien diseñado programa de acumulación de reservas del Banco Central, puesto en marcha en agosto de 2025. Son políticas públicas que abarcan los períodos de los gobiernos de Piñera y Boric.
Lo anterior no se condice con las críticas del actual gobierno, que ha utilizado expresiones como "improvisación", "desastre" o "desorden en las finanzas públicas" para referirse a la administración anterior, ni con la narrativa comunicacional de que "Chile se cae a pedazos". A ello se suma el traspié comunicacional que llevó a la Contraloría a ordenar un sumario administrativo contra la Secretaría General de Gobierno (Segegob) por el uso de la frase "un Estado en la quiebra" en sus redes sociales, afirmación que no fue justificada técnicamente y que fue calificada como desmedida y alarmista. No solo es una exageración comunicacional, es una estrategia que erosiona la confianza en las mismas instituciones que sostienen la estabilidad que se dice querer proteger.
Asimismo, el FMI indica que, si bien el gasto público total de Chile ha aumentado en la última década, especialmente en salud, educación y protección social, este se mantiene relativamente bajo en comparación con sus pares de la OCDE. Además, destaca que el gasto público en salud es razonablemente eficiente en relación con países comparables. Parece existir, entonces, un abismo de diagnóstico entre el FMI, que reconoce la credibilidad de las instituciones económicas del país, y lo planteado por la actual autoridad económica.
Pero donde el FMI entra de lleno al debate es en el corazón de la reforma, es decir, a la proyección de crecimiento asociada a la mega reforma impulsada por el gobierno. Mientras el ministro de Hacienda proyecta un crecimiento del 4% del PIB, el personal técnico del FMI estima que este podría alcanzar alrededor de 3% entre 2027 y 2030, con más de la mitad del impulso asociado a los precios del cobre.
El FMI va más allá al advertir que recortes generalizados del gasto público, destinados a compensar la pérdida de ingresos por reducciones tributarias, podrían limitar el espacio para inversiones que favorecen la productividad, como el cuidado infantil. Más aún, señala que, en un contexto de desigualdad persistente, el descontento social constituye un riesgo relevante. No es precisamente el lenguaje de un organismo "radicalizado".
En cuanto a medidas específicas del megaproyecto del gobierno de Kast, el FMI formula críticas al componente de crédito tributario al empleo por su alto costo, sugiriendo evaluar alternativas como subsidios más acotados vinculados a la creación neta de empleo. Asimismo, señala explícitamente que la eliminación del impuesto territorial (contribuciones) debería reconsiderarse para limitar presiones fiscales, coincidiendo con diagnósticos internos que advierten que aliviar contribuciones a viviendas de alto valor, en un contexto de estrechez fiscal, puede resultar contradictorio.
El organismo también plantea la necesidad de avanzar hacia un sistema de cuidado infantil más universal, destacando su impacto en la participación laboral femenina y la productividad, aunque este enfoque esté ausente en el megaproyecto del Ministerio de Hacienda. Del mismo modo, sugiere fortalecer la colaboración entre universidades y empresas en materia de investigación y desarrollo (I+D), lo que contrasta con declaraciones del Presidente Kast cuestionando el financiamiento estatal a la investigación académica y su rentabilidad social y laboral, generando controversia en el ámbito científico y tecnológico.
La pregunta que queda instalada es incómoda: ¿Cómo es posible que el FMI -sí, el mismo FMI- aparezca defendiendo con más claridad la importancia del gasto social estratégico, la sostenibilidad fiscal y la evidencia técnica que el propio gobierno?
Nos encontramos con un proyecto que parece más guiado por convicciones ideológicas que por diagnósticos rigurosos, y en una conducción económica que ha optado por tensionar el relato antes que fortalecer la credibilidad. Que el FMI quede a la izquierda de Hacienda no es una anécdota. Es una advertencia.