El despertar de un gigante: por qué Chile puede ser el "arsenal" de Occidente

Mohammad Ayaz Alam
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El tablero geopolítico mundial está temblando. Mientras la atención se centra en los conflictos que sacuden Medio Oriente con las recientes ofensivas aéreas de Estados Unidos e Israel contra Irán y la creciente tensión tecnológica con China, una guerra silenciosa se libra en el subsuelo. En esta contienda, Chile dejó de ser un mero espectador para convertirse en un jugador con una carta oculta bajo la manga: los minerales críticos y las tierras raras.

La declaración conjunta de consultas entre Chile y Estados Unidos, anunciada al día siguiente del inicio del gobierno del Presidente José Antonio Kast, trasciende un mero gesto diplomático: marca el inicio de una alianza estratégica con el potencial de redefinir tanto la economía nacional como el rol de Chile en la seguridad de suministro de minerales críticos para Occidente.

El polvorín geopolítico: ¿Por qué ahora?

Para entender la urgencia, hay que mirar al norte y al otro lado del Pacífico. Estados Unidos se encuentra en una disyuntiva histórica. El conflicto con Irán ha expuesto la vulnerabilidad del arsenal occidental: misiles de alta precisión, cazas F-35 y sistemas de defensa dependen de imanes de tierras raras (como el neodimio y el disprosio). Sin estos elementos, el músculo militar estadounidense se atrofia.

La realidad es brutal: aunque EE.UU. extrae minerales, China controla el 47% de la producción de los metales estratégicos y el 69% del refinado de tierras raras, con un dominio total del 100% en elementos como el galio, crucial para la electrónica de defensa. Esto convierte la dependencia en un Talón de Aquiles estratégico.

En este contexto de potencial escasez de suministro y carrera por asegurar cadenas de valor, Chile se presenta como el socio ideal. No solo por su estabilidad jurídica, sino porque ya es un proveedor indispensable de la maquinaria de guerra moderna: Lidera la producción mundial de cobre (23%) y renio (37%), este último esencial para las superaleaciones de los motores a reacción.

El "dólar de cobre" y la joya del Biobío

Chile no solo vive del cobre o el litio. El verdadero potencial disruptivo está en el sur. El proyecto Aclara en Penco (Región del Biobío) ha ingresado a su fase final de evaluación ambiental con la presentación de su Adenda Excepcional ante el SEIA.

Con una inversión de 130 millones de dólares, este proyecto promete una minería sin relaves, con agua 100% reciclada y un modelo de "Cosecha Circular de Minerales", produciendo tierras raras pesadas (itrio, disprosio) esenciales para la defensa y la electromovilidad. Se estima la generación de 2.200 empleos directos e indirectos, lo que lo convierte en un motor de desarrollo regional.

Sin embargo, el avance más silencioso y quizás más prometedor está ocurriendo también en el Biobío. El proyecto NeoRe de la estadounidense Chilean Cobalt está acelerando pasos. Con 426 metros perforados en lo que va de 2026, la empresa ya ha identificado el objetivo "Esperanza 7" para instalar su primera Planta de Extracción Modular (PEM-1).

Lo interesante de NeoRe es su estrategia de integración local: están desarrollando una planta piloto en conjunto con la Universidad de Concepción y buscan proteger propiedad intelectual para el procesamiento de arcillas iónicas, un tipo de yacimiento de tierras raras de bajo costo operativo. El objetivo es reducir los plazos y estar en producción en menos de 12 meses, aprovechando la ventana de oportunidad que abre la demanda occidental.

La competencia global: el aviso de República Dominicana

Chile corre contra el tiempo. Aunque el acuerdo con EE.UU. es un espaldarazo, no es el único pez en el agua. El anuncio de hallazgos significativos de tierras raras en República Dominicana ha sacudido el mercado. Además, Washington ya firmó acuerdos vinculantes similares con Argentina, Perú y Paraguay, mientras que con Chile solo se logró una "declaración de consultas".

La diferencia clave es que EE.UU. busca un Memorando de Entendimiento vinculante. La demora chilena, según fuentes cercanas, se debió a que el nuevo canciller no tuvo tiempo de revisar el documento en profundidad. Esto debe resolverse en los próximos 15 días, como estipula la declaración, para no perder el tren de las inversiones del US International Development Finance Corporation (DFC).

El dilema estratégico: ¿Socios comerciales o proveedores de guerra?

Aquí es donde el análisis debe ser fino y realista. La académica de la USACh Marcela Vera ha lanzado una advertencia que no podemos ignorar: al firmar este acuerdo, Chile se posiciona como un polo de suministro de insumos para la industria de defensa en un momento de alta conflictividad internacional.

Mientras China es el mayor comprador de nuestro cobre y litio, EE.UU. nos necesita para reabastecer sus arsenales. Un solo submarino nuclear requiere 5 toneladas de tierras raras; un caza F-35, unos 500 kilos. En una guerra de alta intensidad como la de Ucrania o la escalada en Irán, el consumo de municiones es vertiginoso.

Chile debe aprender a caminar en esta cuerda floja. La oportunidad es enorme: podemos dejar de ser solo la "mina del mundo" para convertirnos en el "socio tecnológico e industrial" de Occidente. Pero para eso, necesitamos más que materias primas: necesitamos refinar localmente, agregar valor y, sobre todo, tener una Política de Estado en Minerales Críticos que trascienda gobiernos.

El tiempo para actuar es ahora. La guerra por los recursos no espera, y Chile tiene la oportunidad de escribir el próximo capítulo de su historia minera, esta vez, con tecnología, sostenibilidad y soberanía.