Modo ahorro de energía: la pandemia del petróleo

El 9 de marzo, Filipinas declaró una jornada laboral de cuatro días para el sector público, mientras el Congreso instó a las empresas privadas a adoptar el teletrabajo. Vietnam emitió un comunicado similar, y Nueva Zelanda, Indonesia y Tailandia preparan medidas equivalentes: más trabajo remoto, restricciones al uso de vehículos y modelos híbridos en educación. Es difícil no ver un paralelo con el Covid-19. Pero esta vez no enfrentamos un virus. Estamos frente a una pandemia del petróleo. Y la respuesta de nuestro gobierno parece ir en la dirección contraria a lo que ocurre a nivel internacional.

Sabemos que el gobierno modificó su mecanismo de estabilización (Mepco) para contener el elevado gasto fiscal. Sin embargo, el problema no es solo técnico, sino de enfoque: la medida termina trasladando el ajuste al precio que enfrenta el consumidor final. En otras palabras, seguimos discutiendo cuánto cuesta la bencina, mientras el resto del mundo ya entiende que el riesgo principal no es el precio de la energía, sino su disponibilidad real en el mediano plazo.

La guerra en Medio Oriente está acelerando una crisis de abastecimiento. Cerca del 20% del petróleo mundial pasa por el Estrecho de Ormuz, hoy amenazado por el conflicto. Bombardeos están destruyendo infraestructura energética clave, cuya reconstrucción depende del fin de la guerra. A esto se suma la continuidad del conflicto entre Rusia y Ucrania, que sigue presionando las cadenas globales de suministro. Rusia no era un actor menor: antes de la guerra representaba cerca del 10% del petróleo mundial y alrededor del 20% del comercio global de gas. El precio del crudo ha superado los US$100 por barril y probablemente seguirá al alza. Pero este es solo el síntoma de una fractura más profunda: si los conflictos siguen escalando, podríamos pasar rápidamente de una crisis de precios a una crisis de abastecimiento.

Este tránsito ya comenzó en algunas economías asiáticas y europeas. Las medidas adoptadas no buscan solo la eficiencia, sino gestionar la escasez energética.

Para Chile, esto es un problema inminente. Importamos prácticamente todos los combustibles fósiles que consumimos, incluyendo el 98% del petróleo crudo y cerca del 80% del gas natural, por lo que cualquier disrupción global nos golpea directamente. No solo vía precios, sino también en producción, transporte (que representa el 35% del consumo energético) y exportaciones. Si bien Chile importa solo una cantidad modesta de gas desde Qatar, y el resto del gas y petróleo proviene principalmente de Estados Unidos y países vecinos, la naturaleza global de la crisis tensiona igualmente las cadenas de suministro. Un shock prolongado puede traducirse no solo en menor crecimiento y mayor vulnerabilidad económica, sino también en una menor oferta efectiva de energía disponible.

Seguir abordando este problema solo desde el precio es insuficiente. No se puede subsidiar lo que no existe.

La respuesta es tanto coyuntural como estructural. Por un lado, es importante concentrarse no solo en mecanismos de precio, sino en instrumentos explícitos de ahorro energético, apostando por un consumo más responsable por parte de la población y las empresas, así como en medidas que permitan amortiguar el impacto de la crisis. Por otro lado, desde una dimensión más estructural, es necesario acelerar la electromovilidad, expandir con decisión la energía solar y eólica, y apostar por el hidrógeno verde para abastecer la industria. En el fondo, se trata de enfrentar esta crisis con tres lógicas simultáneas: gestionar la escasez, amortiguar sus efectos y acelerar la transformación del sistema energético. La razón no es solo ambiental. Es prioritariamente estratégica. O, dicho más crudamente, lo que está en juego es la seguridad energética de nuestro país.

Este gobierno comenzó con la consigna de establecerse como un gobierno de emergencia. Si hay una emergencia en este momento es la energía. Es de esperar que no sea demasiado tarde cuando nos demos cuenta que hay cosas que ni el dinero puede comprar.

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