¡Magnífica!: "Magnifica Humanitas"

Ya el papa Francisco nos invitaba en su encíclica "Laudato Si" a pensar y trabajar en la necesidad de una transformación total de nuestra civilización, en una revolución cultural, está explícitamente dicho cuando nos señala que "lo que está ocurriendo nos pone ante la urgencia de avanzar en una valiente revolución cultural. La ciencia y la tecnología no son neutrales..." (Laudato Si, 114).

Nos advertía que la tecnología no es neutral y ha dado un poder inmenso como civilización a ciertas elites, pero sin un marco ético para controlarla, y ello nos pone en riesgo: "La humanidad ha ingresado en una nueva era en la que el poderío tecnológico nos pone en una encrucijada. Somos los herederos de dos siglos de enormes olas de cambio" (Laudato Si, 102). "Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades (...), dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien..." (Laudato Si, 104). Ejemplos de esto último tenemos y demasiados en un muy breve tiempo histórico.

León XIV en continuidad con el pensamiento de Francisco nos ofrece con "Magnífica Humanitas" una encíclica valiente, clara y categórica en su denuncia y en su anuncio, en ella nos señala que: "El uso de la IA nunca es un hecho puramente técnico: cuando entra en procesos que inciden en la vida de las personas, afecta a sus derechos, oportunidades, reputación y libertad..." (Magnífica Humanitas, 102 primera parte).

Por ello es que esta encíclica habla esencialmente sobre los proyectos de dominio, desprecio y pobreza humana de quienes crean y desarrollan la IA para someter, dominar y descartar.

Nos pone en un nivel de reflexión ética, política y existencial de nuevo orden. Liga el diagnóstico de la revolución de la IA con las tareas de la justicia social, el cuidado de la casa común, la dignidad del trabajo, la salud de las comunidades, los derechos humanos y las responsabilidades de los Estados.

La opción por los pobres nos la sitúa en una dimensión universal. Es una opción por toda la humanidad. Un desarrollo inmoral de la IA nos llevará a una pobreza universal, que volverá a reproducir un cuadro conocido, con una elite dominante y una humanidad sometida.

El papa hace un llamado a poner límites, no solo a una tecnocracia poderosa, sino también a las vías de la deshumanización en curso, provocadas por las políticas económicas anti-sociales y anti-comunitarias que generan pobrezas, exclusión y una pérdida del sentido del bien común y del destino universal de las riquezas y del conocimiento.

León XIV recupera el rol profético de la iglesia y con valor y fuerza denuncia que: "En los tiempos que vivimos se está consolidando una cultura del poder, en la que la disponibilidad de medios y la capacidad de dominar tienden a dictar la agenda y los criterios de decisión, relegando el bien común de la humanidad a un segundo plano (...) Esta cultura del poder penetra en la sociedad, modifica las relaciones y los comportamientos, se expande normalizando la guerra, persiguiendo un poder militar cada vez mayor, aprovechándose de la crisis del multilateralismo y alimentando un falso realismo, el cual repite que no existen alternativas" (Magnífica Humanitas, 188). Y alternativas y nuevas formas de organización y de sentido, existen y muchas en los pueblos latinoamericanos, africanos y asiáticos, entre ellas, y solo a vía ejemplar: Sumak Kawsay, Suma Qamaña, Küme Mongen de los pueblos kichwa, aymara y mapuche.

Porque como nos señala León XIV, "sería vano proclamar derechos, si al mismo tiempo no se pone en práctica todo lo necesario para asegurar el deber de respetarlos, por todos, en todas partes y para todos" (Magnifica Humanitas, 55).

Critica que "...el paradigma tecnocrático en el que estamos inmersos, potenciado por la revolución digital y la IA, haga parecer justa y normal una visión antihumana, según la cual la plenitud de la vida consistiría en tener más, reducir la fragilidad, eliminar lo imprevisto y controlarlo todo..." (Magnifica Humanitas, 112).

A magnifica encíclica seguramente el conservadurismo, el capitalismo y el clero sin compromiso social ni político querrá edulcorar y vaciar de contenido; pero aparece clara una continuidad en el magisterio de la iglesia vinculado y al lado de, en palabras de Galeano, "los nadies".

Esperamos que las palabras que resuenan potentes y que son un deber del clero y de los laicos de nuestra iglesia, sean asumidas y reproducirlas con la pasión y la convicción del papa León XIV: "Hoy, entre los bienes que están destinados universalmente a todos, debemos incluir también las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnológicas, datos. En un contexto en el que la riqueza de las naciones depende cada vez más de conocimientos y tecnologías, cuando estos bienes quedan concentrados en las manos de unos pocos, sin adecuadas formas de intercambio y de acceso, se crea un nuevo desequilibrio que contradice el destino universal de los bienes y alimenta la brecha entre incluidos y excluidos, entre quienes pueden participar en la revolución digital y quienes permanecen al margen" (Magnifica Humanitas, 67).

Los cristianos y los hombres y mujeres de buena voluntad somos los primeros que debemos suscribir la invitación y la tarea a que invita León XIV a través de su "Magnifica Humanitas". Entre muchas otras razones, porque creemos que la vida inexorablemente triunfará.