La educación cada cierto tiempo debe experimentar un proceso de búsqueda de nuevos caminos para recoger los dinámicos y complejos desafíos de formación humana y social a considerar. En efecto, si se observan las tendencias que se han dado, se detecta que cuando aparece o se enfatiza un nuevo concepto en educación, muchos empiezan a utilizarlo sin revisar el fondo o significado central de esa propuesta que se presenta como "atractiva".
Esto ha sucedido con planteamientos tales como: "interculturalidad" que surge desde hace décadas con los pueblos originarios; "educación personalizada" en los años '70, "la educación de base cognitiva" de los '80, "educación de calidad" de los '90, y todo lo vinculado con la tecnología digital y la inteligencia artificial últimamente.
Lo lamentable de toda esta situación es que, en la mayoría de los casos, estos son titulares que se utilizan para estar "de moda" sin que haya una verdadera apropiación de los conceptos y más aún, de su traducción en implementaciones coherentes con el ideario que se postula. Además, se abordan aisladamente y no en una forma sinérgica que los vaya incorporando al saber pedagógico que se va construyendo en el tiempo. Así se lograría un mejor aprovechamiento del conocimiento tan complejo que significa descubrir qué requerimos los seres humanos para ser mejor educados y generar una sociedad de desarrollo y de bienestar para todos.
Últimamente el concepto de "educación transformadora" se ha convertido en la panacea multiuso de estos tiempos. Lo encontramos en todo tipo de eventos, títulos de libros y congresos. Se aplica en campos tecnológicos, de formación universitaria, de educación comunitaria y en los distintos niveles del sistema educativo, incluso actualmente vinculado a la inteligencia artificial. Al parecer se cree que, si se sigue cualquiera de estas propuestas que el "mercado educacional vende", se transforma la praxis en forma mágica en algo que no queda muy claro ni en forma ni fondo.
El concepto de educación transformadora lo han utilizado desde comienzos del siglo 20 muchos de los grandes educadores; en Gabriela Mistral en su pedagogía detectamos las bases de su significado principal; en Pablo Freire en el gran desafío qué se resume en que "no puede formar quien no se forma"; en nuestros "grandes" actuales como Humberto Maturana quien escribió hasta un libro con este título: "Transformación en la convivencia" (1999).
En todos ellos encontramos las bases profundas de este concepto de transformación humana con todo lo que conlleva: el desarrollo permanente en especial de todas las características que nos hacen ser y crecer como un mejor ser humano, para lo cual se requiere estar en un permanente proceso de reflexión y autotransformación con un propósito permanente de favorecer una sociedad con una verdadera convivencia, basada en valores y por qué no decirlo, en el amor y felicidad que requerimos en lo personal y en lo comunitario para una trascendencia de todos y cumplir con nuestra vocación humana.
Por tanto, no se trata de seguir un renovado curso de tecnología digital o de nuevos materiales. Menos aún de parcializar una vez más al ser humano desde niño en sus aprendizajes "de avanzada" que provienen del mundo asignaturista, que lo visualiza en parcelas de desarrollo.
Es una educación holística en su concepción del ser humano, de empatía y apoyo mutuo, partiendo de una transformación personal permanente desde el amor fortaleciendo los talentos y asumiendo las limitaciones para ir avanzando a ser una mejor persona que aporta a la vez a otras.
Experiencias que efectivamente consideren la complejidad de la propuesta son escasas; en Chile hay algunas en centros educativos con características peculiares producto de su sello educativo; en lo macro, a nivel de educación de la primera infancia sólo conocemos una gran institución pública que abordó este desafío que se supone que continúa en este proceso.
Por ello, esperamos que esta propuesta de una educación transformadora no siga apareciendo en titulares con la superficialidad con que está sucediendo, para lucrar muchas veces con la novedad. La educación es un proceso serio y complejo; si no la abordamos como corresponde, una vez más estaremos farreando nuestros destinos personales y sociales y los tiempos no están pare ello.