Educación artística, otra deuda histórica

Cuál es la relevancia que la educación artística tiene para Chile es una de las primeras interrogantes que surgen al pensar en la celebración de la Semana de la Educación Artística (SEA), iniciativa que invita a tomar parte en una profunda reflexión sobre el valor del arte en la educación.

Pese al desarrollo de actividades como ésta, los esfuerzos no han sido suficientes para provocar el cambio ni para orientar o revertir lo que sucede al interior de las escuelas. La fuerza debemos buscarla en la trasformación de un sistema que ponga el acento en lo medular del discurso por una formación integral, que se traduzca, a su vez, en un eje renovador de la Nueva Educación Pública y que se incorpore como indicador de la calidad educativa chilena, a la par de lo que sucede con otros sectores escolares. La sola declaración de intenciones no ha logrado movilizar a quienes pueden y deben tomar decisiones para que esta aspiración pueda hacerse carne en todos los ámbitos vinculados con la promoción de la educación y la cultura.

Lo que se ha observado hasta ahora es un refuerzo a la actividad educativo artística como elemento decorativo, superficial, descontextualizado; como elemento contributivo al realce de los demás sectores del conocimiento o bien a encontrar en la práctica artística una especie de elemento sublimador del comportamiento errático de estudiantes que no se avienen con los estudios tradicionales en  ciencias, humanidades clásicas, técnicas y/o tecnologías.

Es decir, no hemos sido capaces de instalar la discusión en aquello que resulta medular: una educación artística que debe entrar en diálogo e interacción con los demás lenguajes, posibilitando el desarrollo de los estudiantes desde una perspectiva de integración de saberes y  reconociendo y potenciando los estilos de aprendizajes para la comprensión y el encuentro con el nuevo conocimiento.

Sólo así se podrá superar la errada idea de ver en las artes una simple tributación a otras áreas de la educación o solamente como un elemento recreativo, imitativo, reproductivo con poco o nada de vínculo con el aprendizaje y la formación del sujeto.

Los propósitos por hacer que la educación promueva la formación integral están lejos de transformarse en realidad cuando lo que estamos diciendo no es coherente con lo que hacemos, cuando se mide la calidad de la educación sin considerar el desarrollo artístico, cuando se evidencia poca o nula participación del arte en la formación inicial de los profesores de educación general básica, docentes que desempeñan un rol clave en la iniciación escolar de nuestros niños.

En esta nueva versión de la SEA, nos gustaría ser testigos de que han habido avances objetivos y que se explicite con convicción que la educación artística participa directamente en la promoción de la creatividad, la innovación, la diversidad cultural, la convivencia, la formación ciudadana, el trabajo en equipo, la sensibilidad, la percepción, el disfrute de lo sencillo, en el anhelo de que esta visión pueda extender oportunidades de aprendizaje a niños y jóvenes de todos los rincones de nuestro país. 

Sólo así podremos tener la seguridad de estar avanzando hacia una verdadera educación integral que involucre el desarrollo psicomotriz, afectivo, cognitivo y social.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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