Fui a votar y aprendí

Estuve en la cámara secreta sólo 3 minutos en el acto épico de votar en 4 pliegos con nombres de diversos candidatos. Hice un esfuerzo impecable para acertar con los dobleces.El voto electrónico llora.

De vuelta de la votación fui a una farmacia a comprar lo de la familia. Ella me atendió y conversamos por diez minutos. Es de Chiloé. Aflora que en su hogar existe la certeza  algo como increíble, que la educación sirve.Titulada en la U de Concepción debe ocho millones de pesos a pagar a partir de enero 2015.

Con esa naturalidad que —dicen— habla la gente del sur me cuenta que es hija de mamá que trabaja en Registro Civil. Y con asomo de orgullo sureño, que el papá es pescador artesanal. La primaria fue en la escuela del pueblo, el octavo en Quicaví y la Media en internado de monjas en Ancud. Obtuvo beca de Corfo cuyo interés era al 2%. Dice que si la beca fuera de las otras debería 15 millones como sus compañeros.

La migración de los jóvenes y el empleo asalariado en las industrias salmoneras se relacionan con la búsqueda de otras alternativas que intentan compensar los bajos resultados comerciales de la agricultura tradicional. Al dejar de practicarse la agricultura también se han ido abandonando paulatinamente estas costumbres colectivas y algunas, como la cosecha de trigo, casi han desaparecido.

Migró a Santiago en abril y trabaja en el Instituto de Salud Pública. Hace reemplazos los domingos en farmacia de una cadena ahorrando para iniciar el  pago de su deuda de 8 millones a los 24 años.

Es una historia excepcional para quien viene del sector rural. Sus amigas que no pudieron ir al 8° ni a la secundaria, quedaron allá haciendo labores de casa y empanadas sin futuro. Alarma para el lector: la excepción es ese ambiente familiar único que la estimuló a salir y estudiar.

En nuestro país ella no es excepción. Existen más de 300.000 estudiantes titulados en Chile que al egresar deben entre 8 y 15 millones de pesos por atreverse a florecer. ¿Esto es justo, es digno?

Cuando tú lector(a) paseas por Chile, quizás de turista, vas al sur o al norte, ¿por qué no te enteras de este problema que hoy día viven parte de los jóvenes?

¿Podríamos formar un país con este potencial endeudado y que sigue endeudándose?

No pondrías en duda lo de una educación sin deudas, casi gratis según status económico. No vayas por Chile sin enterarte de lo que pasa. ¿Sabías lo que les ocurre a los jóvenes que ansían desarrollarse? Ahora sabes algo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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