Ley de educación ¿superior?

La tramitación del proyecto de educación superior por el Parlamento chileno pareciera ser un logro importante aunque la oposición y algunos integrantes de la Nueva Mayoría discrepan. En realidad no es de educación, ni menos superior, está inserto en las falacias de la gratuidad y por ende del mercantilismo, no asegura la educación estatal y continúa con las agresiones antiacadémicas, anti universitarias, anti-éticas, anti-intelectualidad, anti-científicas, anti-estéticas, anti-humanidades y anti-Estado. Es decir es un desastre de proporciones.

Educación es la formación integral del ser humano que le permite y faculta para convivir armónica e integradamente en su entorno, es un proceso dentro de sus procesos madurativos.

Es sacar y desarrollar desde el sí mismo, es decir, desde su genoma integrado con el medio ambiente, aquellas facultades que le permiten la adaptación bio-psico-socio-cultural como miembro de esa sociedad.

No puede ser ni un bien de consumo ni un derecho, ni menos ser gratuita, porque ocurrirá como cualquier proceso vital independiente de su ambiente en el que viva, y todo proceso hay que pagarlo (invertir energía) aunque no sólo monetariamente.

Don Vicente Cau-Cau fue criado entre cabras (¿pumas?) en la cordillera de Nahuelbuta y se comportaba con educación caprina hasta que fue encontrado y humanizado (mi madre lo conoció personalmente y nos entretenía con su relato cuando niños); hay otro caso de una dama criada en un gallinero y tenía educación gallinesca. No existe el derecho a adquirir una educación caprina o gallinesca, menos todavía pueden ser bien de consumo; tampoco fueron gratuitas para las cabras o gallinas que allí estaban. Alguien trata de comercializar una educación atarzanada.

Lo que se está tratando es una parte pequeña de la educación que es la instrucción profesional, técnica o capacitación laboral y a eso se llama genéricamente educación. No me queda otra cosa que aceptar esto como educación para que nos entendamos.

La gratuidad no existe, todo proceso necesita energía para realizarse y esa energía debe proveerse de alguna fuente. El funcionamiento y la mantención de esa fuente requiere gasto y entre este gasto, uno monetario que es enorme. Hay que pagar luz, agua, gas, salario de académicos donde una parte menor que el 20% es para docencia profesionalizante.

Está toda la creación de cultura universal (ciencia, filosofía, arte), la docencia de grados académicos, la formación académica (que es la más cara), el perfeccionamiento, la extensión intra y extra-mural.

El proyecto de educación superior no está dirigido ni siquiera al 20% de la acción universitaria ¿quién y cómo se paga el 80% restante? Al no pagarlo se agrede a las universidades que realizan todas estas otras acciones y se favorece a las universidades más mercantiles que no las tienen: la ciencia, la filosofía, la ética, las humanidades, las artes (casi un centenar), la antropología, la sociología, la astronomía, etc., que son constitutivas de universidad, no se financian nunca y deben ser pagadas por el  Estado o por ricachones mecenas.

La agresión está odiosamente sancionada por ley del 81 y la LOCE; estas actividades no son fundantes de universidad y para existir tienen que asociarse a una actividad de título universitario. Es peor la cosa, los grados académicos de magister y doctor son opcionales para estas leyes; en el mundo una institución que no pueda dictar doctorados competitivos internacionalmente no puede ser universidad, y yo diría siglo XXI, si no siete una docena de sitios de instalación de pos doctorado.

El odio de la Dictadura Cívico-Militar-Neoliberal continuado por los gobiernos de la Concertación, Alianza y Nueva-Mayoría contra la educación estatal es monstruoso, del cual nadie parece acusar recibo.

El año 81 en la ley de financiamiento se obligó a las universidades estatales (de Chile y Técnica del Estado) a reducirse al año 85 a la mitad del presupuesto del año 80, con la desgracia que entre el 80 y 85 hubo en Chile una de las peores recesiones y el peso chileno cayó a cerca del 30% de su valor adquisitivo, con lo que la reducción del presupuesto estatal universitario cayó al 15%.

Esta agresión alevosa que obligó a las universidades estatales a dejar de serlo, incluidos los salarios de los académicos, y financiarse en el privado, nunca ha sido reparada.

Esta retroexcavadora, frente a la cual la de Quintana es una alpargata vieja, dejó un hoyo negro en toda la cultura chilena irrecuperable; retroexcavadora económica, a la que hay que agregar la maldita de decenas de académicos asesinados, miles de exonerados y muchas más exiliados.

Esta retroexcavadora era la única manera de instalar a muchas universidades privadas. Lo que exigimos, no es como dicen los rectores de las estatales, incluidos Vivaldi, nuevo trato para la educación pública o estatal; exigimos reconstituir la estatalidad de la universidades estatales, simplemente, como sucede en todo el mundo y en Chile, que los funcionarios del Estado y todas sus funciones (como en el Parlamento, Codelco, hospitales y establecimientos educacionales) sean pagadas íntegramente por el Estado.

Exigimos que se recupere la lógica, la cordura, la sensatez, el Estado para el Estado. Represento a cerca de 600 médicos que trabajamos en la universidad de Chile, sucede que nuestro sueldo base (el que debe pagarnos el Estado) en el grado superior con jornada completa, dedicación exclusiva es (sujétese al asiento) $207.000 al mes.

Un médico-cirujano, doctor en ciencias con un pos-doctorado en el extranjero ingresa en nuestra facultad con un sueldo líquido mensual no superior a $ 900.000. No es posible mantener la universidad así, un profesional con la misma preparación está ganando fuera sobre $4.000.000.

Entonces esta educación nada tiene de superior, se trata de instrucción pos-enseñanza-media y está cara para eso.  

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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