Lo que queda por construir en la Nueva Educación Pública

En estos años la Nueva Educación Pública avanzó de manera sustantiva: se recuperó el foco pedagógico como eje de la gestión; se fortaleció el uso de evidencia y la evaluación como base de decisiones; se instaló un acompañamiento técnico-pedagógico más consistente (con 520 profesionales UATP); y comenzaron a observarse señales relevantes en resultados y trayectorias: el Simce 2024 registró alzas en Matemática (+20 puntos en básica y +13 en media), la PAES 2025–2026 mostró mejoras en SLEP en régimen, la asistencia se recuperó (con 73% de SLEP mejorando) y la desvinculación bajó de 2,0% (2022) a 1,6% (2024). En paralelo, el sistema elevó su exigencia para instalar un SLEP con condiciones verificables, pasando de 14 estándares en 5 dimensiones (2023) a 40 estándares en 8 dimensiones (2026); y dejó a la vista, sin eufemismos, el tamaño del desafío de infraestructura: un catastro con 75% de visitas (5.255), 95% de cobertura y un dato crítico de 40% de deterioro "riesgoso".

En estos años la Nueva Educación Pública (NEP) dejó de ser una promesa y pasó a operar como un sistema nacional. Hoy existen 58 Servicios Locales de Educación Pública -el 83% de los 70 SLEP definidos por ley-; 36 en régimen y los otros 22 en distintas fases de puesta en marcha. Hoy la NEP está presente en 169 comunas, con 2.335 escuelas y liceos, 703 jardines VTF, cerca de 640 mil estudiantes y más de 118 mil trabajadoras y trabajadores. En paralelo, se fortalecieron instrumentos de planificación, se consolidaron espacios de participación, se avanzó en coordinación financiera y en medidas concretas y una mirada más sistemática para lograr una dotación adecuada a los objetivos pedagógicos.

Dicho eso, esta columna no quiere quedarse en el recuento de los éxitos (que los hubo y muchos) sino detenernos en los desafíos, lo importante es mirar hacia adelante: el sistema está en marcha, pero la meta -una educación pública de alta calidad en todos los territorios- sigue abierta. El riesgo del próximo ciclo no es solo "hacer menos", sino confundir la mera instalación con transformación de la calidad educacional.

El primer desafío del próximo gobierno es sostener el rumbo poniendo al centro la gestión pedagógica y de la convivencia educativa: que la consolidación institucional se traduzca efectivamente en mejores aprendizajes, mediante evaluación, diagnóstico y mejora continua como práctica permanente. En paralelo, debe afianzarse el desafío de trayectorias educativas, asistencia y revinculación, con estrategias estables que protejan trayectorias, permitan revincular y aseguren inclusión.

El segundo desafío es de capacidades: fortalecer la gestión del liderazgo directivo y la gestión y desarrollo de personas, cerrando brechas de formación, asegurando dotaciones suficientes, reduciendo burocracia sin perder foco pedagógico y resguardando continuidad operativa y pagos oportunos.

El tercer desafío corresponde a la gestión administrativa y financiera: avanzar hacia un financiamiento más sostenible -más allá de la subvención por asistencia- y mantener una trazabilidad clara y separada entre pasivos heredados y operación regular. El cuarto se refiere a infraestructura y equipamiento educativo: pasar del diagnóstico y medidas aisladas a proyectos integrales en todo el país, asegurando condiciones habilitantes (transporte, alimentación, servicios básicos, equipamiento y conectividad) y fortaleciendo la capacidad de ejecución.

El quinto desafío es de gobernanza y proyección: consolidar la instalación y funcionamiento institucional de los SLEP (calendario de traspasos y estándares de desempeño en régimen); fortalecer la participación, vínculo territorial y gobernanza local; profundizar la transformación digital y uso de datos; consolidar la reestructuración institucional de la DEP; implementar con eficacia la reciente modificación a la Ley 21.040; y sostener una relación estable con los municipios, bajo un esquema permanente de articulación y coordinación.

Nada de esto se sostiene sin continuidad. La NEP ya atravesó tres gobiernos y se ha convertido, en los hechos, en una política de Estado. En este cambio de ciclo, el principal deber es preservar lo avanzado y, a la vez, enfrentar lo pendiente con realismo, respetando los cambios que las nuevas autoridades consideren pertinentes para mejorar la implementación de la ley. Termino mi tarea con la convicción de que el sistema está vivo y en marcha y de que le dimos un dinamismo que no existía; ahora toca que crezca y madure.

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