Las críticas recientes a columnas de opinión de autores consolidados reabren una cuestión estructural: ¿Es legítimo exigir excelencia constante en un género intrínsecamente contingente? La pregunta no concierne solo a un nombre propio, y esta reflexión no pretende defender a nadie en particular. Interroga, más bien, el régimen de expectativas que gobierna la esfera pública.
La escritura periódica constituye un dispositivo de producción intelectual sometido a presión temporal y evaluación inmediata. Investigaciones en psicología cognitiva han mostrado con precisión, que la carga ejecutiva sostenida reduce la variabilidad creativa y favorece estrategias argumentativas más conservadoras. Así, resulta que la creatividad no es lineal, pues oscila según contextos, demandas y fatiga decisional. Reconocer este hecho no excusa debilidades argumentativas, pero impide interpretarlas como decadencia necesaria.
Desde la sociología del campo intelectual, la consagración genera un fenómeno descrito por Bourdieu, aquel que muestra que el capital simbólico eleva simultáneamente el prestigio y la vulnerabilidad. El autor consagrado no es evaluado solo por su texto actual, sino por comparación retrospectiva con su mejor versión. La trayectoria se transforma en parámetro permanente.
El caso de José Ortega y Gasset resulta ilustrativo. Fue acusado, en distintos momentos, de reiteración y exceso retórico. Tales críticas, incluyendo la del mismo Borges en "Las otras inquisiciones" (1952), no invalidaron el pensamiento del español, pero evidenciaron cómo el campo intelectual proyecta sobre ciertas figuras, la expectativa de una lucidez invariable. La demanda de estabilidad estilística y profundidad constante revela más sobre el público que sobre el autor.
Ahora bien, la crítica pública es indispensable. Quien interviene en la deliberación democrática acepta el escrutinio y lo sabe (o debería saberlo). Pero el escrutinio puede distinguir entre evaluar argumentos y exigir infalibilidad estructural. Además, la columna de opinión no es tratado sistemático al estilo de un paper; es intervención situada. Su naturaleza es provisional.
La cuestión de fondo no es si un autor específico mantiene su nivel, sino si el espacio público tolera la fluctuación como rasgo inherente a la producción intelectual humana. La excelencia, incluso en las trayectorias más sólidas, no es un estado continuo, sino una serie discontinua de momentos altos.
Aceptar esa discontinuidad no disminuye el estándar crítico, pero sí lo vuelve más realista y epistemológicamente más honesto. Todo lo anterior, es lo que falla en la crítica al columnista semanal consagrado.
Desde Facebook:
Guía de uso: Este es un espacio de libertad y por ello te pedimos aprovecharlo, para que tu opinión forme parte del debate público que día a día se da en la red. Esperamos que tus comentarios se den en un ánimo de sana convivencia y respeto, y nos reservamos el derecho de eliminar el contenido que consideremos no apropiado