Mentalidades

El gran Einstein afirmó alguna vez  algo más o menos así (cito de memoria): “resulta más fácil destruir el átomo, que un prejuicio”. Los pre-juicios forman parte de nuestra vida cotidiana y tienen que ver con el ethos, con la forma de habitar el día a día y evaluar nuestras relaciones, con los demás o con las instituciones.

No pretendo que no tengamos prejuicios o que vivamos fuera de algún ethos. No es posible. Pero sí uno puede pretender algo más de conciencia crítica respecto a los hábitos,valoraciones,normas sociales  en que  se vive y  con respecto a los propios prejuicios.

Bueno pues, las manifestaciones de apoderados en convivencia con la derecha política, a favor de una educación que sea pagada y además, subvencionada por todos, creo va en esa dirección.

En apariencia no deja de resultar extraño y contradictorio que apoderados y/o profesores estén reclamando por tener el derecho a pagar la educación de sus hijos, como valor central de lo que entienden por “ser libres”.  Ser libres= hacer lo que se quiera con el dinero, con lo cual se subentiende que aquel que no tiene dinero, no puede ser libre.

Si miramos más de cerca el fenómeno, a lo mejor esta actitud no es algo tan raro y contradictorio.Podemos verlo como expresión de la modificación del ethos nacional que hemos analizado aquí varias veces a manos de la alianza entre derecha política, Chicago Boys y militares.

Hábitos y valoraciones que fueron colonizados por el discurso neoliberal a la chilena, desde fines de los setenta,  adoptado  como una nueva cuasi religión.  Estos cambios en el ethos nacional elevaron a categoría de valores sublimes el poder, el dinero, el éxito,  y con ello, el abuso, el cinismo, la hipocresía, el autoritarismo.

Lo único en común que compartimos en esta lógica es un territorio y el mismo deseo e interés particular por ser famosos, exitosos, ricos o poderosos.O la creencia -el prejuicio- en que podremos llegar a serlo. Sin trepidar demasiado en los medios, cómo no.

Cuarenta años de neoliberalismo meritocrático cobran su precio, y en tanto y cuanto la presión por conseguir logros se hace implacable, ella se vuelve normativa.

Estos apoderados, profesores y otros seguidores suyos no luchan y exigen tener una educación pública, republicana,  seria  y sin  subordinación al mercado. No, es al revés: se sale a manifestar contra la reforma.  

Al parecer lo que condiciona una buena educación sería  la “libre” elección según el bolsillo.Bueno pues, pero para eso está la educación particular privada. Si para alguien el dinero, el pago es lo que marca la diferencia, pues entonces, vaya  a la educación privada.

El engendro de educación particular subvencionada  es una novedad única de nuestro neoliberalismo criollo y expresa la privatización de la vida en común.

¿Cómo es posible que en desmedro de una buena y seria educación pública se desvíen gran cantidad de recursos de todos nosotros para apoyar iniciativas privado-empresariales, que tienen en la educación su nicho de negocio? Sí lector. Esto es lo que hay que entender. Los sostenedores hacen  de la educación un negocio.

Como usted lo puede hacer con los tomates, las paltas, la carne o los pollos. Solo que aquí se trata de un bien algo diferente ¿no le parece? Salvo que usted crea que la educación es un bien/negocio equivalente a vender o comprar ropa,  autos,  zapatos o similares.

Estas acciones reflejan  la ideología  del capitalismo neoliberalizado, todo se puede mercantilizar y es legítimo que así sea. Desde los recursos naturales hasta la misma educación. Que todo sea ojalá privatizado para mayor gloria del dios mercado y que sobrevivan los más fuertes o pillos.He ahí el quid del asunto.

No lo es todo, en la lucha por una educación decente y digna, pero es bastante de lo que está en juego. En la mayoría de los países hay dos tipos de educación, una pública y otra privada. La privada, en la mayor parte de los casos,  ligada a instituciones religiosas o cosmovisiones filosóficas determinadas. Si no, véase el caso de Francia, por ejemplo.

Con todo, la dirección de la educación republicana, su sentido o norte, está fijado de manera político-pública, y tienen que tomarla en cuenta los establecimientos privados. Si la educación es un asunto de libre preferencia privada  entonces también los apoderados podrían decidir no enviar más sus niños a escuelas y colegios  y educarlos en sus propias casas y barrios, de manera si se quiere, artesanal.

También podría “preferir” no educarlos formalmente. ¿Y, acaso no es la libertad individual de elegir el derecho  más importante para estos compatriotas y sus representantes políticos?

Como alguien dice por ahí: una economía transformada refleja una ética transformada y genera una identidad transformada.  El actual sistema –lamentablemente- tiende a sacar lo peor de nosotros mismos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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