De "huach@s" e hijos ilegítim@s a las "bendiciones"

Hasta los años '90, aún en el país se hablaba de hijos e hijas legítimos, ilegítimos y naturales. Se consideraba hijo/a ilegítimo/a aquel que nacía fuera del matrimonio y se denominaba natural cuando obtenía el reconocimiento de su madre o padre, pues solo era un descendiente legitimo aquel que nacía dentro del matrimonio. Esta odiosa categorización generaba sin duda discriminación y dolor, se sabía quién era fruto de relaciones fuera del matrimonio, jerarquizando a descendientes de un mismo progenitor. Solo en 1998 se reconoció que no había distinción, la ley de filiación brindaba un trato igualitario a la totalidad de hijas e hijos nacidos/as en Chile, sin importar si habían nacido dentro o fuera de un matrimonio.

Se eliminaba así la normativa que daba lugar al trato discriminador de "huachos o huachas". Concepto que nos acompaña desde el nacimiento de la república hasta la actualidad, dando cuenta de una larga historia de abandono e ilegitimidad de las niñeces chilenas. Es múltiple la literatura que da cuenta de las repercusiones sociales de esta problemática, no solo por el estigma e injusticia que involucraba, sino también por la desigualdad de género que conlleva hasta hoy. Desde la Colonia tenemos a hombres progenitores sin compromiso de su descendencia y un Estado que solo recientemente se transforma en garante de deudas en pensiones de alimentos, en donde un poca más del 90% de personas deudoras, son hombres.

En un país como el nuestro en donde cada vez hay menos nacimientos, donde la tasa de fertilidad ha disminuido drásticamente, donde del total de hogares monoparentales la mayoría son mujeres con sus hijos o hijas, urgen normativas que favorezcan ambientes laborales que faciliten ser madre y también padre, que velen realmente por la vida de niñas, niños y adolescentes, que protejan embarazos deseados y no deseados, que consideren nacimientos en condiciones dignas, que resguarden el crecimiento y el desarrollo en ambientes protegidos, con atención en salud y educación de calidad garantizados, además de proveer recreación y ambientes seguros.

Sin embargo, no basta con declaraciones grandilocuentes en relación con las niñeces y lo bien que lo hemos hecho en cuanto a alguna legislación. Somos uno de los países con menos nacimientos en el mundo, con una gran cantidad de madres solas con sus "bendiciones", con abuelas cuidando y criando. Por otro lado, paternidades con patrones de abandono manifiesto en diversos ámbitos. Esto es transversal, por ende, algo en la estructura social cojea, falla e irrumpe con fuerza perpetuando desigualdades en el cuidado, en la crianza, en la creación de modelos igualitarios. Si bien hay un aumento de la participación de hombres en labores de crianza y cuidados, estamos aún lejos de la corresponsabilidad entre progenitores.

En este mes que el marketing nos inunda de regalos para "padres", duele recordar que muchos niños, niñas y adolescente saludan a sus "madre-padre". Duele saber por las noticias de pequeñas que mueren porque, estando "al cuidado" de su padre, despiertan de la siesta antes que su "cuidador" y duele que la discusión se centre en si había o no malla de seguridad, sin ahondar más allá.

Debemos reiterar hasta el cansancio el cuestionamiento de la jerarquía de género en donde el cuidado recae mayoritariamente en la mujer. Insistir en incluir en los planes curriculares el cómo avanzar en la igualdad sustantiva y la corresponsabilidad en la crianza. El cuidado es un acto humano, de la sociedad en su conjunto y no solo de un género en particular, hoy es el debate que hay que dar, para que ese concepto de bienestar y protección que involucra la palabra bendición, se haga realidad en "nuestras bendiciones".