El 21 de junio se celebraron negociaciones cerca de la ciudad de Lucerna, Suiza, encabezadas por el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, y el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, junto a mediadores de Qatar y Pakistán. Estas conversaciones, destinadas a lograr un acuerdo de paz definitivo en el lapso de 60 días, son un paso importante para terminar la guerra que comenzó el 28 de febrero. Sin embargo, quedan varios puntos conflictivos que deben resolver ambas partes, siendo los dos más sustanciales el programa nuclear iraní y la guerra de Israel contra Hezbolá en el Líbano.
El programa nuclear iraní y su capacidad para el enriquecimiento de uranio fue precisamente uno de los objetivos que tuvieron Estados Unidos e Israel al iniciar la llamada guerra de los 12 días en junio de 2025. Tras la guerra, el presidente Trump aseguró de manera categórica que el programa nuclear iraní había sido completamente destruido.
Sin embargo, Trump cambió de manera repentina su discurso hacia principios de 2026 al señalar que Irán estaba reconstruyendo su infraestructura nuclear, utilizando este argumento para lanzar, junto a Israel, un nuevo ataque en contra de Irán a fines de febrero del presente año.
En las negociaciones actuales, según el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, habrían existido avances en el tema nuclear, y Teherán estaría dispuesto a la inspección de su programa nuclear por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). En las conversaciones de Islamabad del 11 y 12 de abril del presente año el tema nuclear fue uno de los más complejos, que hizo fracasar cualquier acuerdo. Frente a la exigencia de Washington de suspender el enriquecimiento de uranio, necesario para fabricar un arma nuclear, durante 20 años, Teherán aceptó una moratoria de sólo cinco años.
Con todo, cualquier acuerdo que logre Estados Unidos con Irán en materia nuclear sería mucho más frágil que el Plan de Acción Conjunto Completo, un acuerdo nuclear histórico firmado en 2015, durante la administración del presidente Obama. Se trataba de un convenio multilateral, también conocido como 5 más 1, porque fue suscrito por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia) más Alemania con Irán.
Como parte de ese acuerdo Irán aceptaba limitar su enriquecimiento de uranio a un máximo del 3,67% (muy por debajo del 90% necesario para una bomba) y reducir su inventario de uranio enriquecido a solo 300 kg, a cambio del levantamiento de sanciones económicas en su contra. Sin embargo, en 2018 Trump se retiró unilateralmente del acuerdo, en parte presionado por el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu.
El segundo gran problema que distancia a Washington y Teherán tiene que ver con el Líbano y la presencia del movimiento islamista proiraní Hezbolá. Frente a acciones armadas periódicas de la milicia chiíta en contra del norte de Israel, este país ha respondido con ataques masivos. Tras la guerra de Gaza en 2023 se produjeron importantes enfrentamientos entre Hezbolá, apoyando al movimiento palestino Hamás, e Israel. Desde inicios de marzo de 2026 este conflicto se ha agudizado a través de masivos bombardeos de Israel en contra de Beirut y del sur del Líbano.
Organizaciones internacionales de derechos humanos como Amnistía Internacional han denunciado a Israel, acusándolo de cometer crímenes de guerra a través de órdenes de evacuación masiva que han resultado en el traslado forzoso de casi dos millones de civiles, además de alrededor de 4.000 muertos.
A partir de las actuales conversaciones en Suiza, pareciera que el primer ministro Netanyahu ha utilizado los ataques contra Líbano como una herramienta política, con el objetivo de presionar las conversaciones y evitar de este modo que Estados Unidos e Irán normalicen relaciones, ya que la seguridad de Israel y el desmantelamiento de Hezbolá no están presentes en el documento inicial de Trump. El gobierno de Israel ha declarado que respetará el alto el fuego pero no retirará sus tropas del sur de Líbano.
En definitiva, las conversaciones en Suiza demuestran que la diplomacia de la administración Trump prefiere la inmediatez de un memorándum antes que un acuerdo multilateral de largo plazo como el de 2015. La persistencia de los bombardeos y la ocupación israelí en el Líbano recuerda la fragilidad del acuerdo alcanzado. Con todo, para que exista una paz duradera en el Medio Oriente, es fundamental resolver los otros conflictos de la región, en la fórmula de dos Estados, Israel y Palestina, en fronteras pacíficas y reconocidas internacionalmente.