Distopía y bienestar educativo

El 1 de julio entró en vigencia la nueva ley denominada "Convivencia Educativa y de Buen Trato", buscando que ahora la convivencia escolar sea una construcción constante, como organismo vivo y sonante, y que incluya relaciones respetuosas que favorezcan los aprendizajes desde el bienestar.

Para que los niños aprendan deben sentirse seguros, escuchados y respetados. Si no, el aprendizaje se vuelve una distopía incluso más compleja de la escrita por George Owell en su "1984", en la cual el control del pensamiento y el "Doblepensar" aparecían como oxímoron de opiniones contradictorias paralelamente en la imaginación, la mente aceptaba las dos. "La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fuerza".

Siguiendo la idea podemos citar a "Un Mundo Feliz" de Aldous Huxley, donde ese orden distópico exigía una mezquindad alegre: "No deseamos cambios. Todo cambio constituye una amenaza para la estabilidad", por lo que la mediocridad es lo esperado y tristemente anhelado, que la personas no busquen conmoverse ni removerse. Por lo tanto, la ignorancia se hace eco en cada insensibilización.

Los educadores buscamos justamente lo contrario, necesitamos el cambio, la flexibilidad para ir educando desde el bienestar, para esto debe sentir el respaldo de una comunidad que los acompaña, y también de una sociedad que los desafíe a su desarrollo y la exploración del entorno, y porque no, del mundo.

Es la experiencia de sentirse reconocido, no evitar el conflicto ni pretender que no exista frustración, es saber que se acompaña antes del castigo, y que las diferencias no son amenazas, distinto a lo señalado por Huxley, Viktor Frankl -en su obra "El Hombre en busca de Sentido"- desarrolla la idea de que el bienestar no proviene del sentido del placer sino, de reconocer un propósito, un proyecto, una intención, mezclado con la pertenencia que debe transcender. El autor señala: "El ser humano es un ser orientado hacia el sentido, y su bienestar depende de su capacidad para encontrar una razón para vivir en comunión con otros".

Entonces, para evitar el individualismo y la fragmentación debemos abandonar la "concepción bancaria de la educación" de que nos habla Paulo Freire, porque las escuelas tenemos la misión de alejarnos de los futuros distópicos de seres humanos mirados como recipientes vacíos, contenedores de inexistencias; y ver a niños, niñas, jóvenes y adultos en búsqueda de sentido y conexión y por sobre todo de comunidad.

El bienestar nos invita a aprender incluso desde la diferencia con el otro. Si bien esto exige mucho de uno mismo también requiere el recurso necesario para la educación desde la prevención, debemos invertir con seriedad en lo social, la mediación y la salud mental de los colegios, para que el diálogo sea un recurso permanente del espacio pedagógico. Por una pedagogía de la esperanza, de buen trato y sana convivencia.