Coescrita con Jovita Ortiz Contreras, matrona, magíster en Salud Reproductiva y directora del Departamento de Promoción de la Salud de la Mujer y el Recién Nacido, Facultad de Medicina U. de Chile
Hace un tiempo escribíamos que la pobreza suele mirarse desde el retrovisor del Estado: cuando el daño ya ocurrió. Con las cesáreas pasa algo parecido. Celebramos la institucionalización del parto y la reducción de la mortalidad materna, pero seguimos mirando tarde un fenómeno que dejó de ser marginal: el nacimiento en Chile se volvió mayoritariamente quirúrgico, especialmente en el sector privado.
La OMS ha señalado que la cesárea salva vidas cuando está médicamente indicada, pero que, a nivel poblacional, tasas superiores al 10% no se asocian con nuevas reducciones de mortalidad materna o neonatal (OMS, 2015). Chile está lejos de ese umbral. La Norma Técnica del Minsal advertía porcentajes históricos sobre el 40% y fijó como objetivo disminuir cesáreas sin indicación médica mediante monitoreo y clasificación de Robson (Minsal, 2021).
La evidencia nacional confirma que no son anomalías aisladas. Entre 2001 y 2014, casi tres de cada cuatro mujeres con seguro público atendidas en hospitales privados tuvieron cesárea, sin evidencia de mayor necesidad médica (Borrescio-Higa & Valdés, 2019). En una clínica privada chilena, entre 2018 y 2022, la prevalencia alcanzó 85,1% (Toro-Huerta et al., 2024). El heatmap de la seremi de Salud de la Región Metropolitana mostró en 2025 promedios entre 32% y más de 85% en 18 centros privados (seremi de Salud RM, 2025).
Pero reducir el problema a lo privado sería insuficiente. En Chile, la evidencia también muestra que ciertos cuerpos son leídos anticipadamente como riesgo. En una cohorte de gestantes con embarazo único, la obesidad pregestacional se asoció con mayor riesgo de cesárea por todas las causas, electiva y de urgencia, con una fracción atribuible poblacional estimada de 32% (Carroza Escobar et al., 2021). Esto obliga a preguntarse cuánto de la decisión quirúrgica responde a necesidad clínica efectiva y cuánto a una cultura obstétrica que transforma el cuerpo con exceso de peso por mal nutrición en sospecha permanente. La vía de parto no expresa solo biología: también revela sesgos, organización del cuidado y formas institucionales de administrar el riesgo.
Aquí emerge la pregunta feminista y de salud pública: el problema no es si las mujeres deben decidir menos, sino si el sistema crea condiciones materiales para que puedan decidir mejor.
La Circular N° 10 del Minsal instaló un debate necesario sobre cesárea por requerimiento materno, consentimiento informado y autonomía reproductiva. Pero la autonomía no ocurre en el vacío. No se decide igual con información clara que desde el miedo; con analgesia oportuna que bajo incertidumbre; con acompañamiento digno que en un sistema donde muchas mujeres anticipan maltrato o pérdida de control corporal. Como ha mostrado el Observatorio de Violencia Obstétrica Chile, el problema no es solo la vía de parto, sino la experiencia completa de atención (OVO Chile, 2018).
Por eso, la cesárea por requerimiento materno no puede leerse como emancipación automática ni capricho clínico. Es una decisión situada. A veces expresa soberanía; otras veces revela desconfianza. Puede ser refugio frente a un parto vaginal que el sistema no garantiza como experiencia segura, respetuosa y humanizada.
La Ley 21.675 reconoce la violencia gineco-obstétrica como maltrato y abuso en salud sexual y reproductiva (República de Chile, 2024). Pero las leyes no transforman solas las salas de preparto. Reducir cesáreas innecesarias exige fortalecer la matronería, asegurar acompañamiento, garantizar analgesia, transparentar indicadores y auditar criterios con clasificación de Robson.
La autonomía reproductiva no consiste en abrir vías de escape quirúrgicas para evadir la hostilidad del sistema. Consiste en que todas las vías de nacimiento sean dignas, seguras e informadas. Solo cuando la cesárea sea una alternativa real frente a opciones de parto vaginal igualmente cuidadas podremos hablar de una elección verdaderamente libre.