Sala Cuna Universal: cuando el debate empieza a mirar el problema completo

Durante años, la discusión sobre sala cuna en Chile ha avanzado a paso muy lento. Décadas que existe un consenso respecto de que el sistema necesitaba una transformación, pero no sobre cómo debían hacerse esos cambios. Mientras tanto, miles de familias continúan enfrentando las consecuencias de una legislación que dejó de responder a las necesidades del mundo laboral y que, paradójicamente, terminó generando barreras para la contratación y permanencia laboral de las mujeres.

Por eso, las indicaciones sustitutivas presentadas recientemente al proyecto de Sala Cuna Universal merecen ser observadas con atención. No porque resuelvan por sí solas todos los desafíos pendientes, sino porque representan una continuación de los acuerdos técnicos que venimos construyendo por años.

Son muchas las organizaciones de la sociedad civil y expertas(os) que han sostenido durante años que una reforma efectiva debe cumplir al menos cuatro condiciones: ampliar el acceso, eliminar las barreras que afectan el empleo de mujeres, promover la corresponsabilidad social y asegurar estándares de calidad para el cuidado y la educación de niños y niñas.

Este proyecto propone terminar con uno de los principales problemas del sistema vigente: concentrar el costo de la sala cuna en las mujeres. Lo que se vuelve más bien en un castigo y que termina excluyéndonos. Durante décadas, esta fórmula generó un efecto no deseado pero ampliamente documentado: transformar la maternidad en un factor que podía influir en las decisiones de contratación. Corregir esa distorsión constituye un paso fundamental para avanzar hacia una mayor igualdad de oportunidades y condiciones en el mundo laboral.

Un segundo elemento relevante es la ampliación progresiva de la cobertura. La propuesta reconoce que las familias chilenas son diversas y que el acceso a cuidados no puede depender exclusivamente del tipo de contrato o del tamaño de la empresa donde trabaja una persona. Incorporar no solo a trabajadoras dependientes, sino también a trabajadores independientes, trabajadoras de casa particular y padres, grupos históricamente excluidos en esta conversación, representa un cambio de paradigma que apunta hacia una verdadera universalidad. Si bien la propuesta original del gobierno anterior entraba en etapas distintas, creemos que la gradualidad actual propuesta es pertinente, considerando que es un sistema nuevo que se estará implementando y preferimos la sostenibilidad a que no se incluyan.

La iniciativa también da una señal importante respecto de la corresponsabilidad. Durante demasiado tiempo, las políticas de cuidado han sido diseñadas bajo el supuesto de que el cuidado infantil es una responsabilidad principalmente de las mujeres. Las nuevas indicaciones reconocen distintas configuraciones familiares y fortalecen el rol de padres y cuidadores, avanzando hacia una comprensión más moderna y equitativa de las responsabilidades familiares. Pero también sosteniendo el principio de corresponsabilidad social con una cotización a cada trabajador(a) y no solo a quienes ejercen rol de cuidado no remunerado.

Asimismo, las indicaciones abordan una de las interrogantes que históricamente han dificultado el avance de esta reforma: el financiamiento. La creación de un fondo con aporte inicial estatal y la garantía de respaldo fiscal frente a eventuales déficits, pero que además no genera un aumento de los costos de contratación para los empleadores, entregan una señal de estabilidad que resulta indispensable para las familias, para los establecimientos que prestarán el servicio y para los empleadores.

Finalmente, la propuesta incorpora criterios de gradualidad, monitoreo y sostenibilidad. Puede parecer un aspecto técnico, pero es esencial para que una política de estado de esta magnitud logre mantenerse en el tiempo y cumplir efectivamente sus objetivos. Las buenas reformas no solo deben ser ambiciosas, también deben ser viables.

En momentos en que Chile enfrenta desafíos tan relevantes como la baja participación laboral de mujeres, la crisis de los cuidados y el descenso sostenido de la natalidad, resulta valioso que el debate sobre Sala Cuna mire el problema en toda su complejidad.

Las indicaciones presentadas no representan el final de la discusión. Sabemos que hay aspectos perfectibles y que en estos momentos la falta de entendimiento o claridad de estos puede ser que enloden la sensación de victoria de este ingreso. Por lo mismo, es importante recordar que el debate legislativo recién comienza -nuevamente y anhelamos que esta vez sí sea la vencida- y que todavía habrá espacios para perfeccionar el proyecto. Sin embargo, constituyen una señal muy alentadora, construida en conjunto por diversos actores, lo que ha permitido que la conversación aborde simultáneamente empleo, cuidados, corresponsabilidad, calidad y financiamiento.

Y cuando una política pública logra reunir todos esos elementos, vale la pena reconocer que estamos frente a un avance que el país necesita no mañana, sino hoy. #SalaCunaHoy