La investigación y la ingeniería cobran su verdadero sentido cuando salen de las aulas para responder a las urgencias reales del país. En la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas (FCFM) de la Universidad de Chile, que tengo el honor de dirigir, entendemos la ingeniería y las ciencias no como fines en sí mismos, sino como herramientas esenciales al servicio del país.
Nuestra vocación de impacto público se traduce en hechos concretos. Pensemos, por ejemplo, en la salud. El trabajo liderado por el académico Leonardo Basso utilizando analítica avanzada para la inmunización universal con Nirsevimab contra el Virus Respiratorio Sincicial (VRS), ha dado frutos extraordinarios: Chile completó dos campañas sin fallecimientos en los grupos protegidos, logrando además un ahorro estatal de 23 millones de dólares en su primer año. Esta misma excelencia nos posicionó hace muy poco en el podio mundial con los premios IFORS para el proyecto NIRSE CL liderado por el profesor Basso y el ecosistema tecnológico "Fiscal HeredIA" del profesor Richard Weber, que hoy transforma la forma en que el Estado investiga el delito a través del uso de la Inteligencia Artificial. A esto se suma, el ingreso del profesor Andrés Weintraub al Salón de la Fama de este mismo organismo.
Asimismo, vemos que el aporte de Beauchef permea también en las urgencias de nuestro territorio. Ante la crisis climática que enfrentamos, la evidencia técnica es indispensable. La reciente incorporación del académico del Departamento de Geofísica y director del CR2 Roberto Rondanelli a la mesa de trabajo sobre emergencias climáticas en La Moneda demuestra la urgencia de diseñar políticas públicas que estén apoyadas firmemente en la ciencia.
En un ámbito estratégico para Chile, desde nuestro Centro Avanzado de Tecnología para la Minería (AMTC), el equipo de la investigadora Andreina García está desarrollando un sistema inédito que recupera agua desde relaves mineros. Con nanotecnología y economía circular, están logrando que un pasivo ambiental se convierta en un recurso hídrico vital, apto para el riego agrícola.
Abordar los grandes desafíos del mañana exige, además, articular redes de gran envergadura. Por eso acabamos de consolidar un acuerdo estratégico con la Unión Europea, a través del programa satelital Copernicus, posicionando a Chile y a nuestra Facultad como un nodo regional clave en el procesamiento de datos espaciales para monitorear el cambio climático y optimizar procesos productivos. En paralelo, y porque también debemos pensar en las reglas del juego de nuestro sistema, el académico Cristóbal Sarmiento acaba de ser elegido para integrar el Consejo de la Sociedad Civil de la ANID, aportando nuestra mirada al diseño de la política científica nacional.
Las y los investigadores detrás de todos estos avances no son casos aislados; son el reflejo de una cultura institucional centenaria. Cada innovación tecnológica, cada alianza internacional y cada asesoría responde a una convicción inquebrantable: la ciencia financiada por y para el país debe traducirse en bienestar tangible.
Estos hitos en salud, seguridad, gestión hídrica y desarrollo satelital son el testimonio vivo de nuestra misión pública. La evidencia nos muestra que la ingeniería y las ciencias pensadas desde Chile son pilares indispensables para enfrentar las urgencias de hoy, porque cuando la excelencia académica sale de las aulas y se pone al servicio del bien común, es la calidad de vida de toda nuestra sociedad la que avanza.