Chile acaba de superar las 1.000 personas fallecidas en siniestros viales durante 2026. La cifra se conoce al término de las Fiestas Patrias donde se registraron 20 fallecidos, 334 siniestros de tránsito y 385 personas detenidas.
Antes de estas Fiestas Patrias, al 16 de septiembre, Conaset registraba 997 fallecidos durante 2026, frente a 1.074 en igual período de 2025, perdiendo en promedio cuatro a cinco vidas cada día en el tránsito. La pregunta acá es ¿qué nos ocurre como sociedad que normalizamos que todos los años fallezcan personas en las rutas, no nos pasa nada?
Mil muertes no constituyen solo una estadística de tránsito. Desde la salud pública representan mortalidad prevenible, años de vida perdidos, familias enfrentadas a muertes inesperadas, personas lesionadas o con discapacidad y una carga sociosanitaria que se extiende mucho más allá del lugar donde ocurrió el siniestro.
La velocidad, uso del celular, alcohol y drogas son factores de riesgo conocidos y requieren responsabilidad individual, fiscalización y sanciones efectivas. Pero reducir el problema exclusivamente a las decisiones de quienes conducen sería insuficiente. Pero también depende del diseño de las vías, velocidades seguras, transporte público, vehículos seguros, infraestructura para peatones y ciclistas, fiscalización permanente y una respuesta de salud oportuna.
La salud pública enseña que frente a daños prevenibles no basta con identificar quién cometió el error, sino que construir sistemas capaces de evitar que ese error termine en una muerte. Superar las mil personas fallecidas debiera interpelarnos como país "cifra" o mejor dicho "personas, seres queridos, familiares" que nunca debieran haber fallecido en las vías debe ser un motor de urgencia y acción a pensar en declarar una "alerta sanitaria vial".
Esto lograría destinar una mayor cantidad de recursos, fortalecer el trabajo intersectorial, contar con una nueva mirada institucional que se destinaria a implementar reales estrategias de promoción, prevención, atención, rehabilitación y por cierto a un mayor control.
Convocar a una real movilización y lograr evitar miles de fallecidos o lesionados viales debiera ser motivo de cambiar estructuralmente lo que hoy no está dando resultados. Chile no puede acostumbrarse a contar sus muertos en las vías. La seguridad vial es también salud pública y proteger la vida debe ser el principal indicador de éxito de cualquier política de movilidad, ¿entonces qué estamos esperando?