Fue en un programa de streaming en el que participaban el analista político Darío Quiroga, el diputado comunista Marcos Barraza, la diputada del Frente Amplio Consuelo Veloso y el diputado del PPD Jaime Araya donde se puso en entredicho la impecable labor del Servicio Electoral (Servel).
Sí, esa misma institución por la que Chile es reconocido mundialmente y que brilla por su rapidez, precisión y, por sobre todo, independencia. La misma a la que le agradecen cuando ganan elecciones, pero a la que hoy golpean tras haber sido derrotados.
Resulta incomprensible que, producto de la pérdida de una elección presidencial, parlamentarios de oposición pongan en duda el correcto funcionamiento de esta entidad. En tiempos donde la democracia se ve amenazada por el surgimiento de liderazgos populistas y corrientes autoritarias, un organismo como el Servel debería ser defendido con uñas y dientes.
Puedo comprender las dudas de ciertos legisladores respecto al volumen de votos que obtuvo el actual Presidente de la República. Es una reacción humana: perdieron y sus entornos inmediatos compuestos por amigos, asesores y votantes de sus distritos difícilmente optaron por el candidato del Partido Republicano.
Sin embargo, por mi profesión, durante la primera y segunda vuelta de 2025 desempeñé labores de seguimiento de urnas para un canal de televisión abierta. A partir de los últimos sondeos y de esas encuestas "top secret" que circulan en la víspera electoral, el triunfo de José Antonio Kast era un escenario esperable. Aun así, para mi sorpresa (como simple observador y entusiasta de la política chilena), no imaginé que la distancia entre el candidato de la derecha y la candidata del Partido Comunista, Jeannette Jara, fuera tan abrumadora.
Con el pasar de los días, las razones de ese margen quedaron al descubierto. En primer lugar, porque desde 2010 Chile vive un ciclo constante de alternancia política, impulsado por el descontento del ciudadano común con la gestión del oficialismo de turno, sin importar su signo. Bajo esa lógica, el voto de castigo y la búsqueda de cambio eran previsibles.
En segundo lugar, por la profunda decepción en torno al gobierno de Gabriel Boric. Promesas emblemáticas como la condonación del CAE, la redacción de una nueva Constitución o el fin de las AFP simplemente no se cumplieron, dejando a buena parte del electorado defraudada por el Frente Amplio y la izquierda que lo secundó.
Por lo tanto, sembrar dudas sobre el intachable desempeño del Servel no es más que un síntoma del estado de shock en el que se encuentra la izquierda chilena; un extravío que se refleja en su torpe arranque como oposición en estos primeros meses.
Un consejo transparente: más autocrítica y un trabajo real en la formación de ideas y proyectos. Porque el problema no está en el cómputo del Servel, sino en la incapacidad de construir una alternativa sólida por parte de ese sector político para el futuro del país.