La infraestructura que falta no es la que se anuncia, es la que se financia

Ya no se trata de construir más obras, sino de acercar la infraestructura a la vida cotidiana. Cuando los chilenos piensan en infraestructura, ya no piensan solo en carreteras, puertos o aeropuertos -sectores prácticamente resueltos-, sino en lo que les permite vivir mejor: un hospital más cerca, un transporte que reduzca el tiempo de viaje, agua segura, escuelas dignas, barrios seguros y espacios públicos de calidad.

En salud, se demandan hospitales, consultorios y establecimientos. En educación, mejoras en infraestructura y condiciones de escuelas y liceos. En agua y seguridad hídrica, un país golpeado por sequías exige embalses, agua potable rural, desalinizadoras, saneamiento y riego. Y en transporte, los ciudadanos piden movilidad más rápida, accesible, segura y confiable, dimensión que sigue débil en las evaluaciones de calidad de vida.

La demanda cambió de naturaleza. Durante décadas el país midió su progreso por el volumen de inversiones: kilómetros de carretera, capacidad portuaria, terminales aéreas. Hoy los chilenos piensan en otra cosa: un trayecto al trabajo más corto, un paradero seguro, un sistema que los conecte sin depender de un solo modo. La pregunta ya no es cuánto invertimos, sino qué tan cerca ponemos esa infraestructura de la vida de las personas.

La movilidad, con nombre y apellido

Dentro de esa demanda general, la movilidad se ordena en cuatro urgencias:

  1. Menos tiempo perdido en el viaje. Uno de cada cuatro trabajadores demora más de una hora en desplazarse. Se pide más capacidad de transporte público y menos transbordos
  2. Más seguridad. La Encuesta de Movilidad 2025 de la Mutual de Seguridad muestra que la inseguridad en el transporte público se percibe casi al mismo nivel que el riesgo vial. Se exigen paraderos accesibles, mejor iluminados y con vigilancia, especialmente para niños y mujeres
  3. Mejor frecuencia y confiabilidad. No basta con que exista transporte: hay que saber cuándo llegará. Se demanda mayor frecuencia, servicios nocturnos e información en tiempo real, sobre todo en territorios periféricos
  4. Conectividad territorial e integración entre modos. Chile es largo y complejo, y el usuario no piensa en Metro, bus o bicicleta por separado: piensa en llegar de un punto a otro. De ahí la necesidad de trenes regionales, mejor conectividad rural y un sistema intermodal real -integración tarifaria, horarios coordinados-, sumado a veredas de calidad, ciclovías continuas y cruces seguros como condición de ciudades más humanas

 

Estas cuatro urgencias -tiempo, seguridad, frecuencia y conexión- son la vara con la que debería medirse cada proyecto. Los proyectos regionales que responden a esas urgencias son:

  • Plan Nacional de Infraestructura Peatonal: cuando solo caminar a la esquina es un sacrificio. Las caminatas son más del 30% de los viajes diarios, pero solo el 21,9% de las manzanas en comunas de menores ingresos tiene veredas en buen estado (7,4% en Pedro Aguirre Cerda, frente a 49,7% en comunas de mayores ingresos). La precariedad golpea a adultos mayores, niños y personas con discapacidad
  • Ascensores y teleféricos: en enero entra en servicio el teleférico Tobalaba-Huechuraba. Siguen pendientes los de Alto Hospicio, Talcahuano y Puerto Montt, mientras los ascensores de Valparaíso permanecen abandonados
  • Tranvía La Serena-Coquimbo: presentado hace más de 10 años (2015), aún sin solución
  • Corredor Ferroviario Central: piezas sueltas por integrar -tren Valparaíso a Santiago, Terminal Intermodal Barrancas, estudios Santiago a Concepción vía Chillán- pendientes de conexión con puertos, el Aeropuerto Internacional y Los Andes
  • Corredores de transporte público en el Gran Concepción: se registran avances en los corredores de transporte público, aunque las rutas 160 y 150 enfrentan riesgo de recorte presupuestario con el actual gobierno. Esta situación es en extremo grave pues afecta la certeza jurídica a inversionistas dado que habían sido ya adjudicados como concesión a privados

La infraestructura regional no compite solo contra la geografía, sino contra la centralización: los recortes suelen empezar lejos de Santiago.

El camino a seguir: financiar el sistema, no las obras sueltas

Las personas piden tiempo, seguridad y acceso; los proyectos son la respuesta a eso, no una lista de obras. Es bueno advertir que sobre proyectos hay bastante maquillaje político -primeras piedras, maquetas, lenguaje exagerado- que busca generar percepción de avance sin correlato real.

El objetivo no puede seguir siendo anunciar iniciativas: es garantizar financiamiento plurianual protegido de recortes para una cartera de movilidad ya en marcha -desde el Corredor Ferroviario Central hasta los teleféricos y corredores del Gran Concepción- y exigir que cada proyecto nuevo se apruebe solo si se integra a un sistema intermodal, no como pieza aislada.

Ese es el estándar con el que debería evaluarse a este gobierno: no cuántas obras inaugura, sino si logra que un chileno llegue de un punto a otro del país, de una ciudad a otra o de un punto a otro en la misma ciudad en un solo sistema, sin depender necesariamente de dónde vive.