Ya no se trata de construir más obras, sino de acercar la infraestructura a la vida cotidiana. Cuando los chilenos piensan en infraestructura, ya no piensan solo en carreteras, puertos o aeropuertos -sectores prácticamente resueltos-, sino en lo que les permite vivir mejor: un hospital más cerca, un transporte que reduzca el tiempo de viaje, agua segura, escuelas dignas, barrios seguros y espacios públicos de calidad.
En salud, se demandan hospitales, consultorios y establecimientos. En educación, mejoras en infraestructura y condiciones de escuelas y liceos. En agua y seguridad hídrica, un país golpeado por sequías exige embalses, agua potable rural, desalinizadoras, saneamiento y riego. Y en transporte, los ciudadanos piden movilidad más rápida, accesible, segura y confiable, dimensión que sigue débil en las evaluaciones de calidad de vida.
La demanda cambió de naturaleza. Durante décadas el país midió su progreso por el volumen de inversiones: kilómetros de carretera, capacidad portuaria, terminales aéreas. Hoy los chilenos piensan en otra cosa: un trayecto al trabajo más corto, un paradero seguro, un sistema que los conecte sin depender de un solo modo. La pregunta ya no es cuánto invertimos, sino qué tan cerca ponemos esa infraestructura de la vida de las personas.
La movilidad, con nombre y apellido
Dentro de esa demanda general, la movilidad se ordena en cuatro urgencias:
Estas cuatro urgencias -tiempo, seguridad, frecuencia y conexión- son la vara con la que debería medirse cada proyecto. Los proyectos regionales que responden a esas urgencias son:
La infraestructura regional no compite solo contra la geografía, sino contra la centralización: los recortes suelen empezar lejos de Santiago.
El camino a seguir: financiar el sistema, no las obras sueltas
Las personas piden tiempo, seguridad y acceso; los proyectos son la respuesta a eso, no una lista de obras. Es bueno advertir que sobre proyectos hay bastante maquillaje político -primeras piedras, maquetas, lenguaje exagerado- que busca generar percepción de avance sin correlato real.
El objetivo no puede seguir siendo anunciar iniciativas: es garantizar financiamiento plurianual protegido de recortes para una cartera de movilidad ya en marcha -desde el Corredor Ferroviario Central hasta los teleféricos y corredores del Gran Concepción- y exigir que cada proyecto nuevo se apruebe solo si se integra a un sistema intermodal, no como pieza aislada.
Ese es el estándar con el que debería evaluarse a este gobierno: no cuántas obras inaugura, sino si logra que un chileno llegue de un punto a otro del país, de una ciudad a otra o de un punto a otro en la misma ciudad en un solo sistema, sin depender necesariamente de dónde vive.