Espacios de encuentro, no de exclusión

En los últimos días, el lanzamiento de una nueva camiseta del club Palestino enfoca en un asunto que no es nuevo en Chile, pero que sigue siendo relevante por sus implicancias permanentes.

El diseño de dicha camiseta incorpora un mapa que presenta la totalidad del territorio de Israel como si correspondiera exclusivamente a territorio palestino. Aunque algunos pudieran pensar que se trata de una trivialidad que debería quedar en el anecdotario deportivo, lo cierto es que esta representación tiene implicancias que se adentran en el terreno de la geopolítica, la identidad, la historia y, sobre todo, la convivencia entre pueblos.

Reconocemos que historia, tradiciones e identidad de la comunidad palestina merecen respeto, al igual que las de cualquier otra comunidad. En esa línea, el deporte suele ser un espacio legítimo para expresar pertenencia y orgullo cultural. Sin embargo, ese legítimo ejercicio encuentra un límite cuando la afirmación de una identidad implica, directa o indirectamente, la negación de otra.

El conflicto entre israelíes y palestinos es complejo, doloroso y aún no resuelto. Pero hay un principio básico que la comunidad internacional ha sostenido de manera consistente: la solución pasa por el reconocimiento mutuo de dos pueblos. En ese marco, representar todo el territorio de Israel como si no existiera no contribuye a la paz ni al entendimiento. Por el contrario, refuerza visiones excluyentes que dificultan cualquier camino de diálogo.

No es la primera vez que esta controversia surge en Chile. En el pasado, las autoridades del fútbol nacional debieron intervenir para evitar el uso de este mismo mapa como numeración en las camisetas, precisamente porque se entendió que el deporte no debía transformarse en un espacio de negación política de un Estado reconocido internacionalmente.

El desafío, entonces, no es negar identidades, sino permitir que coexistan. Israel existe como Estado soberano y reconocido. El pueblo palestino, por su parte, tiene legítimas aspiraciones nacionales que también deben encontrar una expresión política viable. Pero una aspiración no puede construirse sobre la base de borrar a la otra.

Chile ha sido históricamente un país que valora la diversidad y promueve la convivencia pacífica. En ese espíritu, es importante que todos -incluidos los actores deportivos- contribuyan a un clima de respeto mutuo. El fútbol puede y debe ser un espacio de encuentro, no de exclusión.

Avanzar hacia la paz en Medio Oriente y hacia la convivencia en nuestras propias sociedades, exige algo fundamental: la capacidad de reconocer al otro no como una amenaza, sino como un interlocutor con el que, tarde o temprano, será necesario convivir.

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