Irredentismo y desesperación

Los anuncios de Donald Trump respecto de Canadá, Groenlandia, Golfo de México y Canal de Panamá responden a la toma de consciencia de un estado de situación de creciente precarización en el que se encuentra Estados Unidos, probable proceso de implosión social que se intenta ocultar.

Ante este escenario, la urgencia ideológica de expandir su hegemonía hacia los espacios considerados su zona primaria de seguridad responde a la necesidad de potenciar las posibilidades a recursos como el petróleo, tierras raras, control de las rutas árticas y la logística que aún proporciona el canal de Panamá entre los océanos Pacífico y Atlántico.

La urgencia obedece, por lo tanto, a la desesperación por encontrar soluciones a sus problemas internos, dotándolas de soportes ideológicos nacionalistas irredentistas expresados en el slogan de "Hacer América grande de nuevo", ya que dentro de los análisis geopolíticos y de la inteligencia estadounidense, el mundo tripolar es inevitable: EE.UU., Rusia y China.

EE.UU. tiene aún el control financiero a través del dólar, el predominio de la tecnología satelital y la computación cuántica, pero se ha resignado al hecho de que el poder nuclear militar ruso es aún insuperable, sumados a los números yacimiento y reservas de recursos naturales de la potencia "noreuroasiática" para mantener y desarrollar una guerra industrial de largo aliento. Por su parte China con su diverso desarrollo comercial y en tecnología de telecomunicaciones mantiene su proceso de copamiento de los mercados.

EE.UU. ha tomado consciencia que, con su afán de derrotar a Rusia, sólo ha conseguido derrotar a Europa, su socio más cercano, pero que debido a su precarización ya no le brinda la compañía que necesita. Por lo tanto, EE.UU. se autopercibe como una potencia en deterioro solitaria, apostando por medidas no nuevas, pero de casi de ultima ratio.