Coescrita con Edgardo Muñoz Carrasco, administrador público U. de Talca
Distintos acontecimientos han llevado a cuestionar en la actualidad la viabilidad del derecho internacional. El sistema multipolar parece evidenciar la diversificación de centros de poder a nivel mundial. Sin embargo, el poder cada vez ha estado más concentrado en unos pocos. Estos se han cuestionado entre ellos, en un multilateralismo que al parecer legitiman, pero también suelen estancar sus instituciones. A su vez, las superpotencias suelen actuar de la misma forma, queriendo abarcar más territorios y recursos en diferentes zonas del globo.
Por tanto, ¿qué ocurre con las normas, regímenes e instituciones internacionales que marcan las pautas de conductas de los Estados y que han sido creadas por ellos? Esta gobernanza tiende a ser cuestionada y deslegitimada por los actores estatales.
Al parecer prima la consecución de los intereses nacionales y una vuelta al realismo político. Las normas e instituciones a nivel mundial han evidenciado un desgaste de la cooperación internacional, así como del multilateralismo.
Si bien, hay países que tratan de fortalecer estos regímenes, se debe tener en cuenta que en el sistema internacional los actores estatales y naciones no pesan lo mismo. Hay países que tienen mayores capacidades que otros y determinan las acciones dentro de los principales organismos regionales e internacionales.
Actualmente, quienes ocupan este lugar son Estados Unidos, Rusia y China, ejerciendo un mayor poder duro (hard power) y apostando por despliegues militares potentes en sus zonas estratégicas.
Un ejemplo reciente es la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela. Omitiendo la aprobación del Congreso y violando la Carta de las Naciones Unidas, el gobierno estadounidense ordenó el ataque a Caracas y la captura de su jefe de Estado. Tras estos hechos, el Departamento de Estado difundió una fotografía de Donald Trump con la leyenda "This is our hemisphere" (Este es nuestro hemisferio).
De este modo, Trump advierte que, más allá de una revitalizada Doctrina Monroe, no solo frenará la influencia de potencias extranjeras en América, sino que coaccionará a gobiernos ideológicamente contrarios, extendiendo sus advertencias a Colombia, Cuba y Mexico.
Simultáneamente, bajo la lógica de la seguridad nacional, Trump ha manifestado la necesidad de adquirir Groenlandia. Más allá de las riquezas minerales, la isla ocupa una posición geopolítica estratégica que separa Estados Unidos de Rusia y Europa. Por tanto, dominar Groenlandia permite el control de rutas marítimas críticas. El conjunto de estas acciones ha propiciado el reemplazo de la anterior Doctrina Monroe por "Doctrina Donroe", haciendo referencia al modus operandi de Trump para materializar sus ambiciones geopolíticas mediante una mezcla de presiones arancelarias, intervenciones militares y la coacción mediática.
Sin embargo, Estados Unidos no es el único actor que ha erosionado el derecho internacional y el multilateralismo en función de sus intereses. Por su parte, Rusia sostiene desde 2022 una invasión militar en Ucrania que contraviene al derecho internacional. Apelando a elementos históricos y culturales. Vladimir Putin justifica las acciones militares con el fin de frenar la influencia de Occidente en territorios que considera profundamente arraigados a la identidad rusa, como ya ocurrió con la anexión de Crimea en 2014.
Otro escenario que socava el derecho internacional lo constituyen las ambiciones que China tiene sobre Taiwán. Pekin cataloga la isla como una provincia separatista y se ha propuesto su "reunificación", incluso por la fuerza si es necesario. Aquí es donde Washington se enfrenta a los peligrosos precedentes de la erosión del derecho internacional que ha sembrado. Taiwán representa un "portaaviones insumergible", clave para frenar los avances de China hacia el Océano Pacífico, además de ser un líder indiscutible en la fabricación de microchips. No obstante, EE.UU. mantiene una posición de ambigüedad estratégica: si bien suministra armamento y cierra acuerdos comerciales con el gigante tecnológico, evita reconocer formalmente su independencia o comprometer explícitamente ayuda militar ante una eventual invasión.
Estos casos permiten reflexionar acerca del presente y futuro en nuestras relaciones internacionales. Las pautas de conducta, normas y regímenes internacionales se ven cuestionados en la medida en que el actuar de las grandes potencias se guía por sus propios intereses, más que por un bien en común. Los beneficios de actuar en conjunto ya no tienen cabida y la desconfianza pasó a ser la prioridad. Los problemas trasnacionales distan de ser resueltos por la cooperación entre actores y por acciones comunes. Al parecer la gobernanza internacional se caracterizará por su fragilidad y será puesta a prueba por los acontecimientos a corto, mediano y largo plazo.
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