Nicaragua, desde otra mirada: el voto como defensa de un proceso revolucionario

Ciertamente, aquel antiguo debate del siglo XX -desarrollado desde 1917 con la victoriosa Revolución de Octubre- sobre las vías para alcanzar una situación revolucionaria e iniciar un proceso revolucionario, de transformaciones estructurales y radicales, ya fuere con llamadas revoluciones 'armadas' o 'pacíficas', no ha desaparecido completamente en este siglo XXI.

Asimismo, los procesos revolucionarios -declarados y definidos ya como revoluciones que, inician su transcurso histórico, con la victoria inicial proclamada- tienen y han tenido otro rasgo analítico, para investigarlos desde otra mirada y panorámica. En efecto, se trata de la continuidad o discontinuidad de dichos procesos. Este es un factor político e histórico, con alcances estratégicos y geopolíticos que no se debiera soslayar en toda pesquisa rigurosa.

Particularmente, esto se puede mostrar en dos casos de victorias revolucionarias, que se alcanzaron el mismo año de 1979. La Revolución Islámica en Irán y la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua. La primera, del 11 de febrero de ese año, se puede presentar como una revolución continua o con continuidad. La segunda, del 19 de julio, es y ha sido una revolución discontinua, desde el punto de vista de su ejercicio gubernamental. Ambos procesos revolucionarios alcanzaron sus significativas victorias por la 'vía armada'. Y sus gobiernos no deben ser juzgados como meros gobiernos de administración neoliberal.

Es así que la Revolución Popular Sandinista, instaurada desde 1979, gobernó Nicaragua en una primera etapa histórica hasta 1990. Con posterioridad, hasta el año 2007, se sucedieron tres gobiernos elegidos de carácter opositor a la revolución -ergo, contrarrevolucionarios, ya que la reacción 'no duerme'-, intentando aplicar y/o restaurar un modelo de desarrollo capitalista, denominado neoliberal en su fase actual, a través de la anulación y/o con casi distorsión completa de las transformaciones iniciadas por la revolución.

En el período iniciado en 1990 gobernaron en Nicaragua la presidenta Violeta Barrios de Chamorro, representando a la llamada Unión Patriótica Opositora (25 de abril de 1990 a 10 de enero de 1997); el presidente Arnaldo Alemán Lacayo (10 de enero de 1997 a 10 de enero de 2002); y el presidente Enrique Bolaños Geyer (10 de enero de 2002 a 10 de enero de 2007), estos últimos representando al Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Ahora, éste conglomerado presentó candidatos a presidente y vicepresidente el 7 de noviembre de 2021, logrando el 14,33 %.

Como es conocido, las fuerzas populares sandinistas recuperaron el ejercicio gubernamental desde enero de 2007, al haber logrado una victoria electoral legítima, y no cuestionada, por la llamada 'vía pacífica', en noviembre de 2006. Así, se trata de un caso de recuperación de la iniciativa revolucionaria, el que se ha prolongado hasta ahora con procesos electorales generales democráticos posteriores, y el reciente del domingo 7 de noviembre de 2021 con una amplia participación electoral -de 65,26%- en un contexto legal con voto voluntario.

Además, la referida última elección general se dio en la situación mundial, centroamericana y nicaragüense de carácter pandémica, dimanante del Covid-19; procesos de vacunación masivos; batallas mediáticas majaderas de desinformación; hostigamientos cotidianos y sanciones periódicas en contra de Nicaragua, sus altas autoridades, sus dirigentes políticos e instituciones civiles y militares, todo junto a las conocidas medidas coercitivas unilaterales.

Paralelamente, se habían abierto procesos a contrarrevolucionarios activos y declarados, por delitos contemplados en la Constitución; en la Ley N° 1055, Ley de Defensa de los Derechos del Pueblo a la Independencia, la Soberanía y Autodeterminación para la Paz (dictada por la Asamblea Nacional, en Managua, el 21 de diciembre de 2020), y, en la especie, en el Código Penal (Artículos 282, 410 y 412, en lo principal), todo con muy amplia información pública.

Por lo tanto, aquí se trata de los asuntos internos de Nicaragua, llevados adelante por el Ministerio Público, completamente ajenos al proceso electoral que se inició formalmente con la declaración y registro de candidaturas presidenciales y parlamentarias, lo que fue publicado en el Diario Oficial, La Gaceta, N° 164, del miércoles 1 de septiembre de 2021.

Por otra parte, bajo un guión ya conocido en nuestra región latinoamericana y caribeña, cuyo primer gran capítulo ya se tiene titulado con meses y/o semanas de anticipación a la realización misma de elecciones generales, se fue anticipando que sus resultados serían "un fraude" y que se trataría de "una farsa". Incluso, en los propios centros de poder, donde se generan estas estrategias y metodologías, no se escatiman recursos financieros para ir así desarrollando campañas de 'convencimiento' al respecto, y apoyando 'opositores' locales.
Revoluciones siempre generarán contrarrevoluciones, camufladas de 'oposición pacífica'.

Es más, algunas de estas tácticas fueron usadas en las elecciones generales yankees de 2020, por parte de Donald J. Trump, varios meses antes y en semanas posteriores a los resultados. Y, en otro caso emblemático, su 'discípulo' en Brasil, Jair Bolsonaro, ya ensaya mismo libreto para elecciones generales del 2 de octubre de 2022. Otro caso singular se dio en Perú este año 2021, entre primera y segunda vuelta de la elección presidencial, buscando generar caos e inestabilidad institucional y política. Acusadores de "fraude" nunca tienen las pruebas. Sólo repiten y repiten monsergas, después de ver, cómodamente, noticieros de TV desde lejos.

Las elecciones generales nicaragüenses remarcan importancia estratégica que puede llegar a significar el voto como defensa de un proceso revolucionario. Nicaragua es un país pequeño, centroamericano y caribeño. La legitimidad de sus procesos electorales está dada por amplia y consciente participación de su pueblo, con voto voluntario. Seis binomios de candidaturas presidenciales y vicepresidenciales lo reafirman. Además, el acompañamiento internacional, de 220 representantes de diversas entidades y organizaciones electorales y políticas, de distintos países, regionales y extra regionales, verificó la correcta realización, con absoluta normalidad, sin incidentes y transparencia del proceso electoral del 7 de noviembre de 2021.

La autodeterminación, la independencia y la soberanía de Nicaragua han estado siendo atacadas y violentadas periódicamente, desde abril de 2018, con unos criminales intentos desestabilizadores, facistoides, insurreccionales y pretendidamente golpistas, siempre con completo fracaso, aunque con desgaste de esfuerzos y recursos, un reguero de destrucción de infraestructura económica y pérdida de vidas humanas, como "únicos logros", analizados retrospectivamente, lo cual debiera haber sido completamente condenado y esclarecido.

Nicaragua se afirma y define como una sociedad cristiana, pacífica, soberana, socialista y solidaria. En Centroamérica y en el Sistema de la Integración Centro Americana (SICA) es el único país convertido en barrera para el tráfico de drogas, paradójicamente, hacia Estados Unidos de Norteamérica, su gran y peor país enemigo, resentido -para siempre- al haber sido derrotado militarmente desde 1933 por aquel ejército de "hombres y mujeres libres", del general Augusto Sandino, y en sus sucesivos intentos de procesos injerencistas, posteriores a 1979, contra los logros, obras, realizaciones y tareas de la Revolución Popular Sandinista.

Otra gran fortaleza de este indomable e insobornable pequeño país, es tener su soberanía alimentaria, lo que en lo esencial y vital significa no depender de las importaciones de alimentos para cubrir las necesidades básicas de su pueblo. Es más, incluso ejerciendo el internacionalismo revolucionario pudo ayudar a la República de Cuba con el envío de carga alimenticia, a través de dos viajes del buque "AC Sandino", en ejemplar caso de hermandad y solidaridad entre países y pueblos amigos, a inicios de agosto y de septiembre de 2021.

Cifras oficiales de la Cepal y la FAO demuestran que, aún en medio de la pandemia, el desarrollo agrícola, comercial, económico y social de Nicaragua -también, afectada por las crisis económica y sanitaria, como todos los países latinoamericanos y caribeños- ha retomado un sólido camino de crecimiento, destacándose claramente en la subregión, dentro de los indicadores y parámetros estadísticos, común e internacionalmente utilizados.

Chile tiene embajador residente en Managua. Pero, su contumaz superior, el ministro Allamand Zavala, no cesa de intentar operativos para inmiscuirse en asuntos internos de Nicaragua, convocando a acciones desestabilizadoras colectivas y regionales. Fracasado aquel "Grupo de Lima", en su enfermizo anti venezolanismo, ahora intentan ir en contra de Nicaragua, con amenazas y furias hacia reelegidos presidente comandante Daniel Ortega Saavedra y vicepresidenta Rosario Murillo Zambrana.

Nada sabe este ministro de Principios de Política Exterior. Desconoce histórico intercambio chileno-nicaragüense, en esferas cultural y educacional. No piensa en Gabriela Mistral ni en Rubén Darío. Sus bravatas son contra países pequeños. En Colombia, brinda y se calla, y en Estados Unidos de Norteamérica se cuadra y se genuflexa. Muy penoso y pobre desempeño, en el cumplimiento de su 'sueño' de siempre: ser ministro de Relaciones Exteriores de Chile.

¿Quién autorizó y/o solicitó a Andrés Allamand Zavala (salvo Piñera, por cierto) definir la "legitimidad" de los procesos electorales en otros países de nuestra región? Y emitiendo insanos juicios de valor para desconocer, distorsionar y/o mentir simplemente, y con total irrespeto a sus más altas autoridades, y a los electores de esos pueblos involucrados. Y, lo mismo, otros insolentes injerencistas, como Joseph Biden y como Josep Borrell. Más unos opinantes que, en Chile, repiten caricaturizaciones y no conocen casi nada de Nicaragua. Y, propuesta de aplicar "Carta Democrática Interamericana", otro disparate intervencionista.

Nuestra poetisa universal, primera mujer Premio Nobel de Literatura, en 1945; primera mujer cónsul designada de Chile en 1932 y pionera internacionalista de Nuestra América escribió, en su manuscrito "Cacería de Sandino": "mister Hoover ha declarado a Sandino 'fuera de la ley'. Ignorando eso que llaman Derecho Internacional, se entiende, sin embargo, que los Estados Unidos hablan del territorio nicaragüense como del propio". Y agregó: "lástima grande que la cabeza enlodada del herrero que la prensa yanqui llama de 'bandido', sea, por rara ocurrencia, una cabeza a la cual sigue anhelante el continente donde vive toda su raza y una pieza que desde Europa llaman de héroe nato y de criatura providencial los que saben nombrar bien."

Y A. Allamand Z. ¿será siquiera mencionado o recordado por "los que saben nombrar bien"?

Imagino que, en 2021, pos resultados electorales, Augusto César Sandino habría reafirmado su completa y soberana voluntad política: "mi espada defenderá el decoro nacional y dará redención a los oprimidos".

Coherente y consecuente con aquello, sugeriría que Nicaragua debiera proceder a su retiro de la intervencionista y nefasta OEA, en unos tiempos próximos, mediante su notificación de denuncia de la Carta de la Organización, quizás, coincidiendo con el inicio del nuevo período gubernamental, el lunes 10 de enero de 2022.

 

- Nota del Editor: El proceso electoral en Nicaragua ha sido cuestionado por organismos con amplias credenciales internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que ve una posible consolidación de la falta de estado de Derecho e impunidad estructural; o Human Rights Watch, que compara al régimen sandinista con dictaduras como la del propio Somoza. Además, los comicios se realizaron con 7 precandidatos en prisión, acusados de "traición a la patria", algo que para la Unión Europea lleva a que la reelección de Ortega "carezca de legitimidad"

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