Trump y la coexistencia

Cuando aún no se apaga la algarabía de quienes llevaron en Estados Unidos al triunfo de su candidato republicano Donald Trump y sólo queda la hojarasca del fallido intento porque la sociedad colombiana aprobara el acuerdo de paz con las Farc y, más aún, cuando Gran Bretaña ya empieza a sentir los efectos de triunfo del Brexit, es razonable preguntarse, si es el mundo que queremos.

Claramente hay movimientos tectónicos que están tensionando a nuestras sociedades modernas. Hace apenas un lustro las marchas de ciudadanos indignados sacudieron incluso a Chile, exigiendo cambios, en el contexto de un mundo globalizado. Hoy otros grupos de ciudadanos, que no marchan pero que votan, están haciendo valer su mirada de sociedad. Una que habla de muros en contra de los inmigrantes; una que no quiere una paz impuesta o sin justicia; una que quiere que su país se refugie en sus fronteras.

El mundo y sus habitantes están irritados de uno y otro lado. Ya no confían en el próximo (prójimo) y más aún lo ven como el potencial agresor y culpable de sus propios dolores.

¿Es el mundo que queremos? ¿Hay cabida para la convivencia y la coexistencia? Claro que sí, pero obviamente ese espacio se ha ido estrechando.

Es un escenario más oscuro para la diversidad, para quienes se atreven a pensar distinto, para quienes creen en la inclusión, para los que trabajamos por el respeto y la integración de las minorías, para la acogida de quienes huyen de las guerras, como lo hicieron antaño los judíos, muchos de los cuales llegaron a Chile.

Esperemos que esta sea la vuelta corta del péndulo de una sociedad mundial que está fracturada entre quienes quieren integrarse y los que quieren separarse.

Hace pocas semanas visitaron Chile, Dana y Jamil, una judía que perdió a su padre en un atentado terrorista palestino y un palestino cuyo hermano murió a manos del ejército israelí, durante una intifada. No viajaron separados para hablar en contra de los pueblos del otro. Viajaron juntos para hablar de paz y coexistencia.

Ellos forman parte de la ONG Parents Circle- Families Forum (PCFF) que reúne a 600 familias judías y palestinas que han perdido algún ser querido en la guerra. Es la única ONG que no quiere sumar nuevos integrantes.

Su sola existencia es una luz de esperanza para todos quienes nos sentimos golpeados por las señales que vemos a nuestro alrededor. Aunque nuestro llamado al diálogo hecho a la Federación Palestina, a propósito de la visita de Dana y Jamil aún no ha tenido efectos concretos, no perdemos esa misma esperanza que es posible trabajar para hacer de Chile un lugar de encuentro.

Nuestro país también está siendo sometido a las mismas tensiones. Como comunidad estamos comprometidos a seguir trabajando por un país en el que coexistan la diversidad, la inclusión, el respeto por las minorías y el diálogo fraterno.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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