Coescrita con Luis Cuello, diputado PC por el Distrito 7 de la Región de Valparaíso.
Durante el periodo de conquista y colonización de México se hizo conocida la figura de "La Malinche". Se trató de una joven vendida como esclava por su familia primero, y luego entregada como ofrenda a los españoles. La Malinche aprendió español y actuó como traductora de Hernán Cortés, permitiéndole reclutar múltiples comunidades indígenas como aliados para luchar en contra de los aztecas, bajo la promesa de riqueza y de terminar con la supuesta opresión que los mexicas ejercían sobre ellos. Promesas que, por supuesto, nunca se cumplieron. En cambio, Cortés luego de vencer a los aztecas, terminó por diezmar a todas las comunidades indígenas restantes. Y ya sabemos cómo se desarrolló el proceso de conquista de España por toda Latinoamérica
En los siglos posteriores, se le llamó "malinchista" a quien mostraba predilección por lo extranjero antes que por lo nacional. Hoy día se comienza a configurar un nuevo escenario geopolítico, no sólo a nivel latinoamericano sino también mundial.
La operación militar de Estados Unidos sobre Venezuela no ha quedado sólo en eso. Donald Trump ha sido explícito en señalar que su interés no es ni la democracia ni el bienestar del pueblo, sino abaratar el costo de vida para los ciudadanos estadounidenses a través de la apropiación del petróleo venezolano. Este último factor ha incidido en que, posterior a la intervención ilegítima en Venezuela, no sea el centro de la acción del presidente Estados Unidos una transición ni una planificación para llamar a elecciones, sino la instalación de un nuevo mando político que, según Trump, ha prometido actuar servicialmente a los intereses de Estados Unidos, algo que ni siquiera está siendo respaldado por gran parte de la oposición a Nicolás Maduro.
Por otra parte, el gobierno estadounidense no ha escondido sus ambiciones sobre Colombia, Cuba y México, nuevamente con la excusa del narcotráfico; y sobre Groenlandia, un territorio danés autónomo, está vez con el pretexto de la "seguridad nacional", misma justificación que se utilizó para la invasión de Irak.
Esto ha causado la reacción inmediata del primer ministro de Groenlandia y la primera ministra de Dinamarca, pero también el pronunciamiento unificado de los países nórdicos en contra de las ambiciones expansionistas de Donald Trump.
En Latinoamérica, en cambio, no hemos tenido la misma voluntad para defender nuestra autonomía e independencia como Estados soberanos. Tanto Milei como el presidente electo, José Kast, han celebrado el actuar de Estados Unidos, lo que resulta preocupante y peligroso. En contraste, la presidenta Claudia Sheinbaum ha salido a defender la "soberanía nacional" y frente al narcotráfico, ha puesto sobre la mesa la posibilidad de "cooperación sin subordinación". El presidente Lula Da Silva calificó la intervención como una "afrenta gravísima a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional", reiterando la oposición de Brasil al uso de la fuerza; mientras que Colombia envió, a través de su canciller Rosa Yolanda Villavicencio, una nota de protesta tras los dichos de Trump sobre el presidente Petro, señalando que "Colombia exige respeto. Las diferencias entre Estados deben abordarse a través de los canales diplomáticos, el diálogo y las negociaciones".
Nuestra política exterior y la defensa de nuestra soberanía, y la de nuestros vecinos latinoamericanos, no pueden depender de la opinión o el estado de ánimo del gobernante de turno, sino que debe responder a una política de Estado que defienda los principios de nuestra República.
En ese sentido, el presidente electo ha demostrado un manejo lamentable, infantil, una falta de patriotismo y un escaso conocimiento y respeto por la institucionalidad que representará desde el 11 de marzo. Es de esperar que en estos dos meses pueda tomar conciencia de la importancia de su cargo, que ya no representa a un candidato rimbombante de ultra derecha, sino que será el Presidente de Chile.
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