La dignidad de quienes están en tierra de nadie

Lo echo de menos solo le pido a Dios que este bien, y solo con escucharlo quedo tranquila. De repente me deprimo, lloro sóla en mi pieza y no quiero ver a nadie, pero son solo momentos…. Me da pena y me culpo ya que yo no quería eso para mis hijos, yo quería que fueran profesionales. Tal vez donde me veían hacer cosas malas ellos hicieron lo mismo, aunque ellos me dicen que no es mi culpa que ellos cometieron delitos por su responsabilidad” (mamá de un privado de libertad).

Hay un tema que la pandemia ha ocultado. Perdón, no es un tema. Son personas que han quedado en un segundo plano debido a la urgencia que estamos viviendo. Sin embargo, por tratarse de personas, no podemos seguir postergando. Así como nos preocupan las tasas referidas a la pandemia, hay otras que también nos hablan de una enfermedad, y una que lleva muchos más meses entre nosotros. Me refiero a las personas encarceladas.

Dentro de los temas que me preocupan hay tres que lo hace de un modo especial.

Lo primero, excesivo uso de la prisión preventiva, lo cual ha afectado especialmente a las mujeres quienes han reportado un alza de un 76% en los últimos 15 años. Si bien es consecuencia de cambios legales a raíz de la reforma procesal penal y la modificación de la ley de drogas (Ley 20.000), que penaliza y persigue delitos asociados al micro-tráfico, no se puede negar una feminización punitiva de la pobreza, lo que se erige como una problemática de género. 

Lo segundo, altas tasas de hacinamiento reportadas en Chile, las cuales se estiman bordean el 113% para la población general y un 77% en el caso de mujeres.

El hacinamiento característico de las prisiones tiene efectos negativos tanto sobre las personas que la padecen, como sobre la seguridad al interior de las cárceles. Sus efectos pueden favorecer malos tratos, abusos sexuales, así como contagio criminógeno, además de ser un riesgo para la vida de los internos y del personal de Gendarmería.

Lo tercero, carencia de dispositivos médicos adecuados y alineados con la normativa internacional. Este es un problema que ha sido denunciado a nivel nacional por informes de derechos humanos, así como diversos estudios sobre las condiciones carcelarias, por cuanto los recintos penitenciarios no cuentan ni con insumos médicos necesarios, ni con profesionales que atiendan las necesidades de los internos.

Frente a la situación sanitaria actual, esta problemática se torna particularmente grave, siendo las cárceles en general focos alarmantes de contagio de enfermedades infecciosas. En lo concreto, según las últimas cifras entregadas por Gendarmería de Chile (informe del 15.09) había, en relación con las personas privadas de libertad, 1772 contagios, 1584 recuperados y 13 fallecidos; y en lo referente a los funcionarios, 1313 contagios, 1272 recuperados y 2 fallecidos.

Es por lo demás indudable, que el Estado chileno, respondiendo a una tendencia mundial, ha privilegiado una visión punitiva de la delincuencia, lo cual ha traído como consecuencia, un crecimiento excesivo de la privación de libertad aún en casos de personas que son “presuntamente inocentes”.

A esto se suma la inexistencia de un juez de ejecución o ente fiscalizador que vele por el respeto de los derechos humanos dentro de las cárceles, lo cual las expone a situaciones irregulares en materia de derechos, que parecen ser anacrónicas al contexto democrático.

Por último, existe una invisibilización del sufrimiento y costos vivenciados por las familias de las personas privadas de libertad, en los cuales se encuentran mayormente expuestos niños/as y adolescentes, así como mujeres, quienes son las que acuden mayormente a las cárceles y deben asumir costos tanto emocionales como económicos. Por lo que debemos, el Estado y/u otras organizaciones de la sociedad civil, brindar redes de solidaridad y asistencia a estas familias, a fin de mermar estos costos, y entregar una asistencia urgente que les permita tener mayor claridad y certidumbre sobre los procesos judiciales de sus familiares.                                                                                                      

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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