La magia y necesidad de convivir con los océanos

En la pasada Conferencia Internacional Nuestro Océano 2015, realizada en Valparaíso, la Presidenta Michelle Bachelet se comprometió a crear el Parque Marino Nazca-Desventuradas, en las islas San Ambrosio y San Félix. Con ello, la superficie marina protegida del país abarcará cerca de un millón de kilómetros cuadrados, convirtiéndose, en su conjunto, en uno de los espacios de protección marina más grande del mundo.

La finalidad de estas áreas de protección es conservar el estado prístino de la biodiversidad única, prohibiéndose la pesca o extracción de recursos. Además, buscan proteger los montes submarinos y sus ecosistemas vulnerables, y contribuir al desarrollo del conocimiento científico de los ecosistemas de aguas profundas.

Estas reservas marinas se encuentran bajo la tuición del Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (Sernapesca), y en ellos no puede efectuarse ningún tipo de actividad, salvo aquellas que se autoricen con propósitos de observación, investigación o estudio.

Nuestra región, Magallanes, no está ajena a esta realidad. Fue en el año 2003 que se creó el parque marino “Francisco Coloane”, y si bien es cierto que nuestros pueblos canoeros ya no se pueden beneficiar de el, por la cercanía con la total extinción de su raza, fue el primero en el país, y comprende un total de 67.000 hectáreas entre costa y mar.

Recuerdo que era Alcalde de Punta Arenas, cuando se iniciaron los esfuerzos que hicimos muchos, para que se creara el parque marino, que se encuentra en la Isla Carlos III, entre las Islas Santa Inés, Isla Riesco y la península de Brunswick, con el fin de proteger a ballenas jorobadas, el pingüino magallánico, el delfín austral, el lobo marino, entre otros.

Lo anterior se debe a que un conjunto de científicos descubrió que un grupo de ejemplares de ballena jorobada migraban por el Pacífico desde las aguas cálidas de Centroamérica, donde se reproducen, hasta las gélidas aguas antárticas, especialmente las aguas de la Isla Carlos III, donde cada verano se alimentan. Es decir, migran juntas desde la línea del Ecuador, pero por alguna razón aún desconocida, algunas deciden quedarse en el Estrecho de Magallanes y otras siguen hasta la Antártica, suceso que convierte esta zona en el único sitio del hemisferio sur donde se alimentan ballenas jorobadas, fuera del continente blanco.

En este lugar se han registrado más de 100 ballenas jorobadas, que son bastante fáciles de avistar y ver, en verdaderas familias, levantando del agua su majestuoso cuerpo de hasta 17 metros de largo y 40 toneladas de peso, dejando atónito y maravillado a cualquier espectador. Los invitamos a ver este maravilloso hecho en nuestro territorio subantártico.

Es por esto que celebro la decisión de la Presidenta Bachelet de ampliar la superficie marina protegida de nuestro país, y además hago un llamado a recordar nuestro mar no sólo durante el mes de mayo. En Chile y Magallanes somos riquísimos en mares  y costas, y debemos ser capaces de convivir con los Océanos, gozarlos y disfrutarlos, pero sin agotarlos ni destruirlos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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