Comunicar es crear

Sin duda, una de las frases más recordadas de la candidatura presidencial de José Antonio Kast fue la necesidad de instalar un "gobierno de emergencia". De manera casi inmediata, la idea de que Chile atravesaba una crisis comenzó a instalarse en el subconsciente colectivo, sumando rápidamente adeptos que buscaban poner fin a este escenario percibido como urgente.

También pudimos observar cómo se abordó la transición desde la llamada "Gloria 88", centro de mando desde donde se desplegó una estrategia comunicacional clara: copar la agenda pública y neutralizar cualquier intento del gobierno del expresidente Gabriel Boric por instalar sus propios temas. Tal fue el nivel de posicionamiento que, incluso, el 8 de marzo -Día Internacional de la Mujer- pasó a un segundo plano tras la llegada del entonces Presidente electo a La Moneda para reunirse con el mandatario en ejercicio.

Sin duda, se trató de un trabajo pregobierno eficaz. Sin embargo, esa misma capacidad no ha logrado consolidarse en estas primeras semanas en La Moneda. Desde la instalación de un relato de "Chile quebrado" hasta vocerías confusas y de bajo impacto, pareciera que la nueva Secom enfrenta dificultades para asentarse y, sobre todo, para encontrar el tono que exige el ejercicio de la Presidencia de la República.

Es importante entender que las palabras, los mensajes y las consignas no son neutros: construyen realidades que inciden directamente en la vida cotidiana de las personas. Si se instala la idea de que "Chile está quebrado", no solo se transmite un diagnóstico, sino también una señal hacia la ciudadanía y hacia el exterior. Se sugiere un país sin capacidad de respuesta, con dificultades para cumplir sus compromisos y con un sistema tensionado al límite. Esto resulta, al menos, contradictorio con los objetivos declarados de la actual administración, que apuntan a atraer inversión, generar empleo y mejorar la calidad de vida.

La comunicación no solo transmite información: moldea la forma en que entendemos el mundo. Como plantearon Peter L. Berger y Thomas Luckmann en "La construcción social de la realidad", lo que una sociedad considera "real" es, en gran medida, el resultado de procesos sociales sostenidos en el lenguaje y la interacción cotidiana. En otras palabras, no vemos primero la realidad para luego comunicarla; en buena medida, la realidad se vuelve inteligible a través de lo que se dice sobre ella. Por eso, cuando ciertas narrativas dominan la conversación pública, no solo informan: ordenan prioridades, legitiman visiones y definen qué es lo relevante y qué queda fuera del debate.

En ese sentido, gobernar también es comunicar. Y hacerlo bien no es solo una cuestión de forma, sino una herramienta clave para alinear expectativas, generar certezas y proyectar un rumbo claro. Porque, al final, las palabras no solo describen el país que somos, sino que también delinean el país que buscamos construir.

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