El 22 de abril se celebró el Día Mundial de la Tierra. Así comenzaba esta columna, antes de que llegara a mis manos el ahora famoso Oficio 16 del Ministerio de Hacienda sugiriendo cuáles son los programas a "descontinuar" para ajustar el presupuesto nacional 2027 y sus proyecciones al 2031. Como académica de la Universidad de Chile me resulta imposible ignorar el impacto que este documento ha tenido en colegas y estudiantes.
El Ejecutivo rápidamente intentó matizar el documento calificando nuestra reacción como "apresurada" y asegurando que no se recortarán beneficios sociales. Incluso la Dirección de Presupuestos indicó que en realidad la palabra debiera haber sido "reformular". Sin embargo, el oficio en cuestión revela con claridad las prioridades de quien administra el erario público. La palabra utilizada fue "descontinuar", un término que deja poco espacio a la imaginación. Ya se ha discutido la sugerencia con respecto al programa de alimentación escolar, lo que provocó rechazo incluso en el oficialismo. Y aunque luego se desmintió, la angustia ya se había instalado en miles de familias cuyos hijos dependen de esas raciones diarias. No es una reacción exagerada: cuando se vive en la pobreza, el temor ante la amenaza de perder estos programas estatales es una respuesta muy válida. Como si el mundo no estuviera lo suficientemente angustiante.
Quienes trabajamos en la universidad pública somos testigos diarios de la utilidad de los programas que hoy están bajo la lupa. Mencionaré solo dos ejemplos. Primero, el programa PACE, que garantiza el acceso a la Educación Superior a jóvenes destacados de sectores vulnerables que no pueden costear un preuniversitario. El PACE no solo asegura un cupo por mérito académico -más allá del puntaje PAES-, sino que ofrece acompañamiento psicosocial en la Enseñanza Media y seguimiento durante los primeros años universitarios. En la Universidad de Chile vemos cómo este sistema impulsa una movilidad social que muchas familias ni siquiera se atrevieron a soñar. No hay mayor satisfacción que ver a esas y esos jóvenes titularse; el Ministro debería verlo con sus propios ojos.
Lo mismo ocurre con la Beca Indígena. Un estudio de 2025 de la Universidad Católica demuestra su éxito: los beneficiarios nacidos entre 1992 y 2000 reportaron un aumento de 22% en sus ingresos y 10% en su participación laboral. Es más, el estudio señala que los beneficios de la beca han sido altamente rentables, pues los ingresos generados por los beneficiados fueron 190 veces superiores a los costos netos del programa. La movilidad social beneficia al país entero.
Es probable que el Presidente y sus ministros no vean estas realidades en su entorno inmediato. Quizás no hay estudiantes PACE o con Beca Indígena en los círculos sociales de sus hijos e hijas. Es muy diferente enfrentar una crisis económica reorganizando las vacaciones o postergando estudios en el extranjero, que tener que dejar de comer y, por consecuencia dejar de estudiar, en Chile o en el extranjero, como es el caso de muchos de nuestros estudiantes. Irónicamente, incluso esa oportunidad de perfeccionamiento externo se ve amenazada por el recorte a las históricamente exitosas Becas Chile, de las que algunos ministros fueron beneficiarios.
Es deber de las autoridades conocer la realidad que administran y actuar en consecuencia. El ministro de Hacienda afirmó que la única política social efectiva es el pleno empleo. ¿Con qué sueldo, señor ministro? ¿Con el mínimo? ¿Con dos sueldos mínimos? Lo invito a nuestra universidad a conversar con los estudiantes. Muchos están aquí gracias a esos beneficios que hoy usted propone "descontinuar pero más bien reformular".
Estas políticas no son regalos, son compensaciones necesarias para niños, niñas y jóvenes que corren una carrera en la que parten bastante más atrás en la pista, con obstáculos que estos ministros parecen no imaginar. Nuestros profesionales, incluyendo a los muchos que lo son gracias a estas políticas hoy cuestionadas, aprenden en la universidad pública la importancia del bien común y la preocupación por el colectivo. Creo que a nuestras autoridades les hace falta darse una vuelta por nuestros campus; hay mucho que aprender ahí. Están cordialmente invitados.