El ¿error? de datos sobre gratuidad de la ministra de Educación

Claramente este gobierno no es fan de la gratuidad universitaria, ni de ninguna política social inspirada en la socialdemocracia. Por eso, no ha perdido oportunidad para restringir el acceso a este beneficio, argumentando razones presupuestarias u otras consideraciones. Sus motivaciones, sin duda, son ideológicas y quedaron al descubierto en las declaraciones del ministro de Hacienda, al revelar que sueña con un Chile donde la única política social sea el "pleno empleo". En un país en que la mitad de las personas gana un sueldo inferior a 700 mil pesos, ese sueño parece más bien una pesadilla.

Por su parte, la ministra de Educación intentó esgrimir argumentos más técnicos y, en un programa de televisión, aseguró que la "gratuidad universitaria no ha permitido mejorar la equidad en el acceso a la educación". Un mal intento, porque no se condice con los datos que publica su propio ministerio. El más reciente Documento de Trabajo del Centro de Estudios del Ministerio de Educación, que analiza información entre 2016 y 2026, indica que la matrícula de estudiantes egresados del sistema escolar en la Educación Superior ha alcanzado su mayor nivel histórico en la última década. Más importante aún, este avance no se ha dado de manera homogénea: el crecimiento más acelerado se observa precisamente en los dos quintiles socioeconómicos más bajos.

Esto significa algo muy claro: las oportunidades de acceso no solo aumentaron en términos absolutos, sino que se expandieron especialmente para quienes históricamente tenían menos posibilidades de ingresar a la educación superior. En cifras concretas, si en el 2016 solo 4,2% de los estudiantes que ingresaban a la Educación Superior provenían de los dos primeros quintiles, en 2026 este grupo -correspondiente al 40% de las familias más vulnerables- representan 30,4%. Además, la gran mayoría de ellos (78%) provienen de establecimientos públicos, ya sean municipales o bajo administración de un SLEP. Los datos no mienten, la gratuidad sí ha generado equidad en el acceso. La ministra miente o, derechamente, está muy mal informada.

Adicionalmente, es innegable que la gratuidad ha tenido un efecto expansivo en los sueños y expectativas de miles de niños y niñas cuyas familias no pueden costear un arancel universitario. Antes de esta política, para muchos de ellos la universidad estaba vetada: era un anhelo tan lejano que ni siquiera se consideraba una posibilidad. A menudo, incluso sus propios familiares se los recordaban con frases que se repetían en cocinas y comedores chilenos, del tipo "¿para qué te esfuerzas tanto, si no tenemos plata para que vayas a la universidad?". La gratuidad ha permitido soñar a toda la infancia chilena.

Dado que los talentos no se distribuyen en nuestra sociedad conforme a las clases sociales, sino que se reparten entre todas ellas, la política de gratuidad ha permitido que miles de capacidades, que antes se perdían por razones materiales, hoy se transformen en profesionales que contribuyen al desarrollo del país.

A 10 años de su implementación, hay un millón y medio de beneficiarios y 485 mil titulados que hoy aportan a construir un mejor Chile. Por cierto que siempre es oportuno evaluar un esfuerzo como este y realizar los ajustes necesarios para asegurar su sostenibilidad presupuestaria, pero en ningún caso retroceder, considerando este impacto en inclusión, dignidad y desarrollo para Chile.