Eliminar el IVA a medicamentos y pañales, ¿y los productos menstruales?

Hay experiencias que atraviesan la vida de millones de personas y que, aun así, siguen rodeadas de silencio. La menstruación es una de ellas. Ocurre cada mes, es parte de la salud y del funcionamiento natural del cuerpo, pero se trata como un tema incómodo, privado o incluso secundario. Tal vez por eso cuesta tanto asumir que menstruar puede transformarse en una carga económica y en una causa de desigualdad, que es necesario abordar.

En Chile, la Encuesta de Salud Menstrual 2025, dada a conocer por el Ministerio de Salud en enero de este año, reveló que casi 3 de cada 10 mujeres en algún momento de su vida no han podido acceder a productos de gestión menstrual. Detrás de ese dato no hay solo una dificultad material, también hay inseguridades y exclusiones que muchas veces comienzan desde la adolescencia. Más de un tercio de las mujeres encuestadas reconoció haber faltado al colegio por motivos asociados a la menstruación, mientras otras dejaron de practicar deporte, ir a actividades sociales o simplemente vivir con tranquilidad esos días.

La pobreza menstrual no suele aparecer en las discusiones públicas. Quizás todavía existe la idea de que es un asunto íntimo y no de un problema social. Sin embargo, cuando una niña no puede asistir a clases porque no tiene acceso a productos básicos, cuando una mujer debe elegir entre comprar elementos de gestión menstrual o cubrir otras necesidades esenciales, estamos frente a una desigualdad que afecta educación, salud mental, participación y dignidad.

Hoy en la discusión de la devolución de IVA de pañales y medicamentos, no se menciona a los productos de gestión menstrual. La menstruación no es opcional, es parte de la vida. Reconocer eso implica comprender que garantizar acceso a estos elementos de gestión menstrual no es asistencialista, sino equidad.

Pero la discusión va más allá. Hablar de menstruación digna es hablar de acceso a agua potable, baños seguros, educación menstrual y atención médica oportuna. Significa entender que muchas personas crecen con vergüenza de su cuerpo o normalizando dolores porque nunca recibieron información adecuada.

Avanzar hacia una menstruación digna requiere políticas públicas, sí, pero también otra mirada. Significa dejar de tratar el tema como algo marginal y asumirlo como parte de la salud integral y de los derechos básicos. Países de la región ya han eliminado impuestos a productos de gestión menstrual, entendiendo que el acceso no puede depender del nivel de ingresos. Chile también necesita dar esa discusión con mayor profundidad y empatía.