Curarrehue, Araucanía: al otro lado del río

Curarrehue, altar de piedra en mapudungun (kura rewe), se ubica en La Araucanía, a un costado del río Trancura. Territorio mapuche arriba en la cordillera, casi en la frontera con Argentina.

Es otoño y la ruta camino a Curarrehue es un espectáculo de colores en tonos cafés, amarillos y verdes perennes. Vamos a entrevistar a mujeres y hombres que viven en estas tierras, de distintas edades, queremos conversar con ellos sobre las transformaciones de Chile, qué ha pasado desde el estallido social, dos procesos constituyentes y el intercambio eleccionario entre gobiernos tan distintos. ¿Cómo se viven estos cambios en territorios rurales?

La nieve está pronta a caer y el frío está acompañado de silencio. Los entrevistados tienen vidas distintas. Algunos trabajan en el campo, en sus comunidades, otros trabajan como obreros, en labores de carpintería en madera y brindando servicios en el comercio local. Los más jóvenes realizan estudios mientras trabajan. Van y vienen entre el pueblo y otras ciudades. En ocho años cada uno ha tenido varias vidas, algo recurrente en la ruralidad. El multiempleo, uno de los ejes de la nueva ruralidad, se caracteriza por intercalar diferentes actividades al mismo tiempo según las estaciones del año y el desempeño de la actividad comercial. Vidas flexibles, dice uno de ellos.

Recorremos bosques de araucarias y al fondo aparece el volcán Quetrupillán. Tantos cambios en tan poco tiempo, ¿qué se puede decir al respecto? Hay una voz indígena que ha aparecido en distintas entrevistas que hemos hecho en Latinoamérica que nos devuelve la pregunta, mostrando el lugar desde donde razona occidente y la investigación. Al preguntar sobre la aceleración de la historia estamos preguntando sobre el presente, pero los entrevistados hacen un giro a la pregunta en distintos momentos. Nosotros, occidente, hablamos desde el presente, queremos entender el presente, anclarnos en el presente, estamos ansiosos de presente, vivir en el presente. En cambio, los pueblos indígenas hablan desde la historia. Así, los cambios de esta última década aparecen como un momento más en la historia, larga, compleja, conectada.

En la mañana, el río se evapora en contacto con el aire gélido. Una de las entrevistadas habla del espacio, su espacio y el espacio comunitario. Este espacio es su medio, su familia, su comunidad, su sistema productivo y sus vínculos con la naturaleza; es el lof. En la protección de ese espacio se configura el bienestar. Por lo tanto, en estos convulsos años recientes, una interpretación de los hechos es aprender a vivir ligeros, menos dependientes del Estado y del mercado, que cambian sin preguntarles nunca a ellos. A través de tantos programas sociales que comienzan y terminan, y de tantos estímulos de consumo, ese espacio se ve amenazado.

Hay olor a fuego de leña en el aire. Terminamos el terreno y acompañamos a una de nuestras entrevistadas a su casa. Ella vive en una comunidad, en las afueras de Curarrehue, al otro lado del río. Para llegar a su casa hay que atravesar un puente colgante. Antes, hace 10 años, se atravesaba en bote, clavando el remo en el agua. Es de noche, nos despedimos. No resisto la tentación y salto repetidamente en el puente colgante, las perchas del puente se tensionan. Al frente se ven luces encendidas y se escucha a los perros ladrar. El ruido de la metrópolis se apaga en la ruralidad.