El derecho a no escuchar: cuando el Estado ensaya la distopía

"Nada cambia instantáneamente", advierte Defred en el libro "El cuento de la criada" (por Margaret Atwood, 1985). Allí, el horror normalizado se parece a una bañera que se calienta tan lentamente que el peligro se advierte tarde. Así comienzan las distopías: con una excepción convertida en protocolo, una imposición llamada cuidado, un derecho escrito pero difícil de ejercer. ¿Cuántas señales necesita una democracia para advertir que el agua comenzó a calentarse?

Esa pregunta se me instaló al leer el Boletín 18.419-11, ingresado bajo el eslogan "Escucha su corazón". Imagine que es usted quien está sobre la camilla. Acaba de saber que su vida corre peligro, que el embrión o feto no podrá vivir fuera del útero o que el embarazo es consecuencia de una violación. Usted ha escuchado diagnósticos y ha decidido. Pero, el Estado le dice que todavía no ha escuchado lo suficiente.

La iniciativa permite declinar oír la actividad cardíaca embrionaria o fetal, pero enseguida dispone que el médico deberá negar la interrupción "si es que esa situación se verifica". La redacción es ambigua; la amenaza no. ¿Qué libertad existe si decir NO puede cancelar un derecho? El sonido se vuelve un dispositivo de culpa: si escucha y mantiene su decisión, el ritual la empuja a sentirse culpable; si se niega, su rechazo podría utilizarse contra usted. Esa es la distorsión: ordenar la información para que una decisión legal parezca una falta moral.

El artículo 119 del Código Sanitario exige información objetiva y libre de coacción. La American College of Obstetrician and Gynecologist (ACOG) recomienda hablar de actividad cardíaca, pues "latido" es clínicamente inexacto en etapas tempranas; y la OMS reconoce el derecho a rechazar imágenes o sonidos. La fundación OVO Chile advierte que sustituir la autonomía por un criterio externo destinado a inhibir la decisión constituye violencia obstétrica, aunque se presente como información.

Esa violencia no recaería sobre una mujer imaginaria. Entre 2018 y 2025, 1.447 interrupciones fueron por violación. En ese período, 425 menores de 18 años se acogieron a esta causal; 338 interrumpieron el embarazo, entre ellas 160 niñas menores de 14 años. Además, 40,4% de los médicos obstetras de la red pública se declararon objetores en estos casos. No puedo leer esas cifras sin imaginar a una niña descubriendo que el sistema le reserva otra prueba. Ese peaje emocional no informa: demora, filtra y disciplina.

La novela de Atwood no importa porque Chile sea Gilead, sino porque en la historia la distopía funciona como advertencia política. En 1868, John Stuart Mill llevó el término al Parlamento británico para cuestionar políticas que consideraba "demasiado malas para ser practicables". Más de un siglo después, Gregory Claeys advierte que la distopía deja de ser solo ficción cuando el miedo se convierte en una forma de gobierno y las personas comienzan a perder el control sobre sus propias decisiones. Quizás por eso, cuando imagino al Estado obligando a una mujer a escuchar antes de reconocer su decisión, no veo solamente una intervención clínica. Veo una de esas señales que aprendimos a identificar demasiado tarde en las distopías.

Estas señales conducen a preguntarnos quiénes ejercen el poder. Michelle Bachelet dijo: "Cuando una mujer entra en política, la mujer cambia; cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política". Somos 51,5% de la población, pero ocupamos 33,5% de la Cámara y 32% del Senado; aun así, cuatro de las seis firmas son de parlamentarias. El dato completa la frase: la presencia es indispensable, pero no basta. La señal distópica también puede llevar firma de mujer. Feminizar la política es transformar el poder y no imponer una convicción personal sobre el cuerpo de otra.

No sé qué concesión seguirá. Pero, sí sé que una democracia retrocede cuando llama acompañamiento a la coacción y protección al castigo. ¡La discusión no es el sonido, sino si el Estado escuchará a una mujer cuando dice NO! ¿Cuántas señales necesita una democracia para advertir que el agua comenzó a calentarse?