Los PROT, la infraestructura digital y el diseño de ciudad

De tanto en tanto hablamos de conectividad, digitalización, inteligencia artificial, transformación tecnológica y economía digital. Repetimos que son fundamentales para el desarrollo y que la infraestructura digital será una de las condiciones habilitantes del crecimiento durante las próximas décadas.

Pero hagamos un ejercicio bastante simple visualicemos dónde se puede observar concretamente que esa convicción forma parte de la manera en que el país está pensando su futuro. ¿En las estrategias regionales de desarrollo? ¿En los instrumentos de planificación territorial? ¿En las políticas de vivienda y equidad territorial? ¿En las agendas de inversión, productividad, empleo o crecimiento?? La respuesta no resulta evidente. Y precisamente ahí aparece el problema, hablamos cada vez más de transformación digital, pero todavía planificamos el territorio como si la infraestructura que hace posible esa transformación estuviera fuera de él.

La paradoja es todavía mayor. Nadie imaginaría hoy una estrategia de desarrollo territorial que no considerara disponibilidad de agua, energía, carreteras, transporte, puertos o infraestructura sanitaria. Sabemos que esas condiciones determinan dónde puede instalarse una industria, construirse una vivienda, desarrollarse una ciudad o generarse empleo. Sin embargo, todavía no hacemos el mismo ejercicio con la fibra óptica, las redes móviles, los centros de datos, la capacidad de procesamiento, la conectividad internacional o la resiliencia de las redes digitales. Seguimos tratando buena parte de esa infraestructura como un asunto especializado de telecomunicaciones, cuando en realidad se ha convertido en una condición habilitante y transversal para prácticamente todas las actividades económicas y sociales del siglo XXI.

Si coincidimos que la infraestructura digital excede a una política sectorial debemos entonces pararnos desde otro lugar. Ese es el cambio conceptual que necesitamos. La infraestructura digital debe dejar de entenderse exclusivamente desde un reducto fragmentado para convertirse en un criterio articulador de la planificación territorial y del diseño de ciudad. La pregunta que debemos responder es qué ciudad queremos construir y qué infraestructura necesitamos para que ese territorio pueda funcionar de la mejor forma para sus ciudadanos.

En otras palabras, la conversación sobre infraestructura digital debe instalarse allí donde se piensa la ciudad, la vivienda, el urbanismo, la arquitectura, el transporte, la energía, los espacios públicos y el ordenamiento territorial. Debe formar parte de las decisiones de los gobiernos regionales y municipales, pero también de las políticas de los ministerios de Vivienda y Urbanismo, Obras Públicas, Economía, Energía, Transportes y Telecomunicaciones y de todos aquellos organismos que intervienen en la construcción y funcionamiento de nuestras ciudades. Y no solo eso, debemos armonizar y homologar los criterios dispersos y diversos que campean entre diferentes oficinas públicas.

Así como durante el siglo pasado el acceso al agua potable transformó la salud pública y la electricidad multiplicó las capacidades productivas de las ciudades, la infraestructura digital define hoy las nuevas oportunidades de desarrollo. Pero existe una diferencia importante, todavía seguimos tratándola como una casualidad, como un remanente, como algo que se instala después de que la ciudad ya fue diseñada.

Aquí aparece una oportunidad particularmente importante para Chile. Los gobiernos regionales están desarrollando los Planes Regionales de Ordenamiento Territorial (PROT), instrumentos destinados a orientar el desarrollo regional de las próximas décadas. Tradicionalmente la planificación territorial ha considerado variables como expansión urbana, protección ambiental, infraestructura vial, disponibilidad hídrica, energía o desarrollo productivo; y nada de infraestructura digital.

Hasta ahora, los PROT han ordenado el territorio a partir de dimensiones fundamentales como el desarrollo urbano y rural, la infraestructura vial y productiva, la protección ambiental, la disponibilidad de agua, la energía y los distintos usos del territorio. La oportunidad que se abre ahora es incorporar una nueva capa a esa planificación, la infraestructura digital. No como un capítulo aislado de telecomunicaciones, sino como un criterio articulador que dialogue con todas las demás dimensiones. Y aquí aparece también la inteligencia urbana y utilizar los datos que produce el propio territorio -sobre movilidad, consumo energético, seguridad, actividad económica, servicios públicos, crecimiento urbano o necesidades sociales- para comprender cómo funciona una ciudad y anticipar cómo debería desarrollarse.

Los datos permitan comprender el territorio y la infraestructura digital contribuya a transformarlo, permiten decidir con mayor precisión dónde desplegar fibra óptica y redes móviles, dónde reforzar capacidad y redundancia, qué zonas requieren nueva infraestructura digital, dónde localizar infraestructura crítica y cómo anticipar las necesidades de conectividad de nuevos barrios, polos productivos y localidades rurales.

Ese puede ser el verdadero cambio de paradigma que ofrecen hoy los PROT que la infraestructura digital deje de llegar después, cuando la calle, la vivienda, el barrio, la carretera o el polo productivo ya fueron diseñados, y comience a formar parte de las decisiones que les dan origen. Porque ya no estamos hablando simplemente de instalar más fibra óptica, antenas, torres o redes móviles, estamos hablando de cómo diseñamos el territorio de Chile para la economía, la sociedad, la cultura, la seguridad y la convivencia del siglo XXI.

Si durante el siglo pasado aprendimos a ordenar nuestras ciudades y regiones pensando en el agua, la energía y el transporte, ahora debemos incorporar también la infraestructura que sostendrá los datos, la inteligencia artificial y la economía digital. El desafío ya no es solamente conectar el territorio una vez construido; es utilizar la inteligencia que producen los datos para diseñar, desde el comienzo, un territorio conectado, resiliente y preparado para anticipar las necesidades de quienes lo habitan. ¿Qué gobierno regional quiere comenzar?