El informe PISA 2025 vuelve a entregar una señal preocupante para Chile. Los estudiantes de 15 años obtuvieron 403 puntos en matemáticas, frente a 463 en la OCDE, y 436 en lectura, frente a 461. En resolución computacional de problemas alcanzaron 466 puntos, mientras el promedio OCDE fue 500. Además, entre 2022 y 2025 Chile retrocedió 9 puntos en matemáticas y 12 en lectura.
Los resultados aparecen cuando la inteligencia artificial generativa comienza a incorporarse masivamente al trabajo escolar. De hecho, PISA 2025 muestra que en Chile solo 14% de los estudiantes declara no utilizar inteligencia artificial para realizar una investigación preliminar sobre un tema nuevo: es decir, su uso ya forma parte del entorno habitual de aprendizaje.
Y entonces surge una pregunta incómoda: ¿Qué ocurre cuando entregamos a los estudiantes tecnologías capaces de pensar por ellos antes de haber desarrollado suficientemente su capacidad de juzgar?
La evidencia reciente describe un fenómeno denominado descarga cognitiva: transferimos a la tecnología tareas que antes realizábamos mentalmente. Eso no es necesariamente negativo, pero el problema aparece cuando esa descarga se transforma en delegación epistemológica, es decir, cuando dejamos también en manos de la IA la selección de fuentes, la evaluación de la evidencia, la interpretación de la información o incluso la conclusión final.
A ello se suma otra dificultad. La IA produce respuestas fluidas, coherentes y persuasivas. Podríamos hablar de plausibilidad sintética: algo puede parecer verdadero sin que su apariencia esté respaldada por evidencia suficiente.
Por eso, enseñar a utilizar inteligencia artificial no basta. Necesitamos una alfabetización epistemológica en IA: saber verificar, contrastar, reconocer incertidumbre, calibrar la confianza y distinguir una buena respuesta de una respuesta verdadera.
PISA 2025 incorpora precisamente una nueva dimensión: la capacidad de aprender y resolver problemas mediante herramientas digitales. La cuestión, por tanto, ya no es si nuestros estudiantes utilizarán IA. Eso ya está ocurriendo.
El desafío es aprender una delegación calibrada: decidir qué podemos entregar a la máquina y qué debe seguir bajo responsabilidad humana. Porque una sociedad puede disponer de respuestas cada vez más inteligentes y, al mismo tiempo, perder la capacidad de juzgarlas. Y esa puede ser hoy la brecha educativa más importante.